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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 587

—¿Qué están haciendo? —Tatiana entró furiosa, con el rostro encendido por la rabia.

Aunque no se encontró la escena escandalosa que había imaginado, la manera en la que esa mujer miraba a Fabián no le pareció nada normal.

—Fabián, ¿quién es ella?

Fabián entreabrió los ojos con desgano. Al ver a Tatiana, la poca tranquilidad que había logrado recuperar se esfumó de golpe.

Abril fue la primera en reaccionar, sin dejar de masajear los hombros de Fabián.

—Señorita Tatiana, ¿cómo está? Yo soy Abril, la nueva en el departamento de secretaría.

A Tatiana le ardían los ojos de la molestia. No aguantó y soltó:

—¿A ti quién te preguntó? ¿Ahora resulta que contratan a cualquiera en secretaría, o qué? ¿O andan trayendo gente de los spas? ¡Qué bajo ha caído el nivel!

Abril se quedó helada, la mano en el aire y una expresión de incomodidad en el rostro.

—Ya basta, Tatiana —intervino Fabián con voz dura—. ¿A qué viniste?

Antes ella era comprensiva, pensó él. Ahora se metía a la oficina sin avisar, armando un escándalo como si estuviera en el mercado. Pero prefirió tragarse ese comentario.

—Fabián, es que llevas días sin volver a casa… Me preocupé pensando que podrías estar agotado, y te traje sopa para que recuperes fuerzas. ¿Por qué me hablas así? —Tatiana puso una vianda sobre la mesa, su voz teñida de reproche y tristeza.

Fabián abrió uno de los recipientes, olisqueó y de pronto dejó escapar una risa seca.

—¿Tú la preparaste? ¿O fue otra persona? El sabor es idéntico al de la cocina del servicio.

—Yo… fui a aprender con la cocinera.

—No mientas.

—Bueno, no logré que me saliera. Así que le pedí al chef que hiciera una especial para ti. Pero igual te la traje —admitió Tatiana con fastidio.

Antes, si hacía este tipo de cosas, Fabián la elogiaba. Incluso si le llevaba comida ajena haciéndola pasar como suya, él nunca la había expuesto. ¿Por qué ahora todo había cambiado?

—Ja.

—¿Me estás llamando malpensada? —Tatiana le apretó el brazo con fuerza—. Eres una cualquiera. ¿Te atreves a desafiarme? ¡Tú no vas a durar ni un día más aquí! Fabián, ¡despídela ahora mismo!

Abril, desesperada por el dolor, gritó y empujó a Tatiana:

—¡No puede tratarme así!

—¡Ay!

Tatiana perdió el equilibrio con el empujón, cayó junto a la mesa y su frente chocó contra el borde de vidrio con un golpe seco.

De inmediato, las lágrimas le brotaron y miró a Fabián, buscando consuelo.

—Fabián…

Fabián no se movió ni un centímetro, apenas murmuró con desdén:

—¿Y ahora para qué finges?

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