Fabián miró el rostro radiante de Tatiana; seguía igual que en sus recuerdos, pero de algún rincón de su corazón surgió un rechazo inexplicable.
La mirada de Tatiana se fue apagando poco a poco y la sonrisa se le quedó colgada en los labios, congelada.
¿Qué le pasaba a Fabián?
¿Acaso, aunque hubiera perdido la memoria, seguía pensando en Joana, esa desgraciada?
Sin embargo, en el siguiente instante, Fabián cambió de tema:
—Tatiana, no te hagas ideas. Me alegra mucho que hayas venido a verme. ¿Qué trajiste de rico? Quiero probarlo.
Como él desvió la conversación, a ella no le quedó más que seguirle la corriente.
—Son postres que hice yo misma, todos tus favoritos —dijo ella mientras abría el empaque, y sin querer dejó al descubierto la quemadura que había intentado ocultar.
Fabián, como era de esperarse, le tomó la mano de inmediato, con expresión de preocupación.
—¿Qué te pasó?
—Ah, fue un accidente, no tiene importancia —Tatiana intentó tranquilizarlo con una sonrisa—. No te preocupes, mejor ven a probar la merienda.
Pero Fabián se puso serio.
—Tatiana, no quiero que te lastimes por mi culpa. Me dolería mucho.
—Está bien, ya entendí —Tatiana, sincera, le declaró—: Tú eres el hombre que amo, por supuesto que quiero que pruebes los postres que hago para ti. Todo esto lo hago con gusto.
La garganta de Fabián se le cerró por un momento.
Mientras escuchaba la confesión de Tatiana, se sintió despreciable consigo mismo.
¿En qué estaba dudando hace un rato? ¿Por qué no expresar su amor de una vez?
Miró a Tatiana, ahí, entre sus brazos, y se le estremeció el corazón. Sus labios fueron acercándose, despacio.
Tatiana, sujetándolo de la camisa, estaba más que lista; apenas iba a cerrar los ojos cuando, de pronto, se escuchó que tocaban la puerta.
En los ojos de Tatiana apareció un destello de molestia por la interrupción, pero Fabián le indicó que se levantara.
Después de todo, seguían en la oficina; no era un buen lugar para eso.
Sin más remedio, Tatiana se puso de pie.
—Pasa —llamó Fabián.
Abril entró luciendo un vestido de oficina ajustado que resaltaba su figura, caminando con elegancia y llevando unos papeles en la mano.

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