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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 701

—Entiendo —dijo Isidora con firmeza, tomando la tablet y con la mirada decidida.

Ya que iban a competir contra Estudio Renacer, iba a quedar claro quién se llevaba la victoria al final.

...

Después de que Isidora se fue, Joana volvió a sentarse en su silla.

Se quedó mirando los bocetos sobre la mesa, pero su mente estaba en blanco.

No tenía una impresión muy clara de Violeta.

Por lo que recordaba de la vez anterior que la vio en la agencia de carros, Violeta parecía ser una persona directa y sin rodeos.

Fuera de eso, no habían tenido más contacto.

Pero ahora, ¿por qué Violeta también quería diseñar vestidos elegantes y encima desafiar al estudio?

Joana no le dio demasiada importancia al asunto.

Después de todo, no era asunto suyo entrometerse en las decisiones de los demás.

Siempre había preferido mantenerse fiel a lo que sentía.

Sacudió los pensamientos que la distraían y se preparó para volver a concentrarse en sus diseños.

Pero de pronto, el celular de Joana empezó a sonar. Era Arturo llamando.

Joana se extrañó. ¿Por qué llamaría él a esa hora?

Contestó, y en vez de escuchar la voz grave y familiar de Arturo, lo que oyó fue la vocecita dulce de una niña:

—Señorita bonita, soy yo.

Joana se quedó callada un segundo y luego se le iluminó la cara con una sonrisa.

—¿Carolina? ¿Estás con tu tío?

—Sí, lo que pasa es que ya te extrañaba, señorita bonita —la voz de la pequeña tenía un tonito de tristeza—. Así que le pedí a mi tío que te llamara. Señorita bonita, ¿no te estoy molestando?

Joana soltó una risita y negó con la cabeza, aunque la niña no la pudiera ver.

—Para nada, linda. En un ratito voy a verlos a ti y a tu tío.

—¡Qué bien, qué bien!

Carolina Zambrano estaba tan feliz que aplaudió con ganas.

—Bueno, ¿quieres que pase por ti? —cambió de tema Arturo.

Joana miró los bocetos que tenía a la mano, sin saber cuánto le iba a tomar terminarlos.

—No hace falta, yo misma llego —rechazó ella su ofrecimiento.

Colgó el teléfono y se puso a terminar lo que tenía pendiente lo más rápido que pudo.

...

Mientras tanto, Carolina, que parecía una adulta en miniatura, caminaba de un lado a otro con las manos detrás de la espalda.

—Tío, de veras que no entiendo por qué eres tan lento para conquistar a la señorita bonita —le soltó la niña con tono crítico—. Si te gusta, ¡díselo! ¿Por qué tienes que usarme de excusa? Así nunca vas a lograr nada. El día que no te ayude, a ver qué haces sin mí.

Carolina caminaba de aquí para allá, suspirando como si cargara el mundo en los hombros.

La manera en que miraba a Arturo reflejaba una mezcla de fastidio y frustración, como si no pudiera creer que su tío fuera así de torpe.

Arturo solo pudo quedarse callado.

—...

¿En serio había llegado a tal punto que hasta su sobrina de unos cuantos años lo regañaba?

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