—Entiendo —dijo Isidora con firmeza, tomando la tablet y con la mirada decidida.
Ya que iban a competir contra Estudio Renacer, iba a quedar claro quién se llevaba la victoria al final.
...
Después de que Isidora se fue, Joana volvió a sentarse en su silla.
Se quedó mirando los bocetos sobre la mesa, pero su mente estaba en blanco.
No tenía una impresión muy clara de Violeta.
Por lo que recordaba de la vez anterior que la vio en la agencia de carros, Violeta parecía ser una persona directa y sin rodeos.
Fuera de eso, no habían tenido más contacto.
Pero ahora, ¿por qué Violeta también quería diseñar vestidos elegantes y encima desafiar al estudio?
Joana no le dio demasiada importancia al asunto.
Después de todo, no era asunto suyo entrometerse en las decisiones de los demás.
Siempre había preferido mantenerse fiel a lo que sentía.
Sacudió los pensamientos que la distraían y se preparó para volver a concentrarse en sus diseños.
Pero de pronto, el celular de Joana empezó a sonar. Era Arturo llamando.
Joana se extrañó. ¿Por qué llamaría él a esa hora?
Contestó, y en vez de escuchar la voz grave y familiar de Arturo, lo que oyó fue la vocecita dulce de una niña:
—Señorita bonita, soy yo.
Joana se quedó callada un segundo y luego se le iluminó la cara con una sonrisa.
—¿Carolina? ¿Estás con tu tío?
—Sí, lo que pasa es que ya te extrañaba, señorita bonita —la voz de la pequeña tenía un tonito de tristeza—. Así que le pedí a mi tío que te llamara. Señorita bonita, ¿no te estoy molestando?
Joana soltó una risita y negó con la cabeza, aunque la niña no la pudiera ver.
—Para nada, linda. En un ratito voy a verlos a ti y a tu tío.
—¡Qué bien, qué bien!
Carolina Zambrano estaba tan feliz que aplaudió con ganas.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo