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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 748

En cuanto a eso de autoproclamarse pionera del diseño con estilo nacional, la verdad es que solo se lo dicen a sí mismos.

Al ver todo eso, Ezequiel negó con la cabeza, soltando un par de chasquidos de asombro.

—Irene sí que se topó con pared esta vez —pensó para sus adentros.

¿A quién se le ocurre meterse con alguien que adora tanto a su esposa?

Eso parecía sacado de una novela, pero ahora lo tenían frente a sus narices.

Todas esas cosas que Irene había hecho, solo estaban esperando a ser expuestas.

...

Mientras tanto, Joana corrió de regreso al camerino improvisado en el escenario, sin atreverse a perder ni un segundo.

La tela original se había desgarrado justo en las costuras.

Pero en sus manos tenía una tela que ya había discutido previamente con el director Agustín. Era un material de reserva: una “seda jacquard de ondas”, que en realidad pensaban usar para experimentar con nuevos modelos.

Joana decidió utilizar esa tela extra para reemplazar la parte rota del pecho y el dobladillo del vestido.

Para su sorpresa, la textura y el brillo encajaron perfecto con la esencia de “Sueño Luminoso”.

El efecto de ruptura surgió de forma natural.

Al ver eso, tanto el público como la presentadora se quedaron boquiabiertos, conteniendo el aliento.

En línea, miles de personas empezaron a meterse a su transmisión en vivo.

El reemplazo de la tela original por la de reserva iba viento en popa.

Pero cuando llegó el turno de los puños de las mangas, se topó con que la tela ya no alcanzaba.

Joana se quedó un instante inmóvil, con la aguja y el hilo en la mano, y una expresión de incertidumbre nubló su cara.

Nunca pensó que la tela sería insuficiente.

En el escenario, Isidora también estaba tensa; la voz le temblaba:

—¿Y ahora qué vamos a hacer? Solo quedan como diez minutos. ¿Quieres que le pida a alguien que traiga más tela del taller?

Era claro que Irene tenía algo personal contra Joana.

No importaba lo que Joana hiciera, Irene siempre saltaba a criticar.

Hasta Mauricio, desde su lugar, ya empezaba a fastidiarse con Irene.

Pero fuera de cámaras, Catalina seguía apoyando a Irene.

—Una verdadera maestra, sí señor, siempre diciendo las cosas como son —bufó Catalina—. Si vamos al caso, una mujer como Joana, que se mete en tantos problemas, ya debería estar descalificada del concurso. Solo da mala imagen, brincando de un lado al otro en pantalla.

Ver a Joana batallar con la manga, de hecho, la hacía sentir aún mejor.

—Esta vez, vamos a ver cómo te las ingenias para salir bien parada —murmuró Catalina, disfrutando el momento.

Todos los ojos del país estaban sobre Joana.

Catalina soltó una risa cortante:

—Si fuera por mí, que se salga del concurso de una vez. Mejor eso que seguir arrastrándose aquí.

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