En la habitación del hospital, el ambiente estaba cargado de alegría y risas.
...
Al día siguiente.
Violeta recibió un mensaje de un número desconocido.
[Yo sé que te gusta Arturo. Si quieres conquistarlo, ven esta tarde al Café Luna Llena. Te voy a ayudar.]
Al ver el mensaje, los ojos de Violeta brillaron por un instante. De inmediato pensó que seguramente se trataba de una broma.
Pero, al segundo siguiente, llegó otro mensaje:
[No soy una estafadora ni es una broma. Si confías en mí, ven a la cafetería a platicar. Total, no tienes nada que perder. Además, a mí tampoco me cae bien Joana.]
En ese momento, la sonrisa despectiva de Violeta se desdibujó, y en su mirada apareció un brillo de ambición.
Si la persona que le escribía buscaba contactarla y, además, admitía detestar a Joana, entonces estaba claro: el enemigo de mi enemiga es mi amiga.
Por supuesto que tenía que ir a averiguar de quién se trataba.
Si podían unir fuerzas, mucho mejor.
Si no se daba la alianza, igual buscaría la forma de apartar a Arturo de Joana.
Con una mirada cargada de determinación, Violeta murmuró para sí:
—Joana, no voy a dejar que sigas saliéndote con la tuya. Arturo va a ser mío, te lo juro.
Deslizó el dedo por la pantalla y respondió con un simple [Ok].
Mientras tanto, Catalina, después de enviar los mensajes, vio la respuesta de Violeta y sus ojos se iluminaron con la seguridad de quien va a conseguir lo que quiere.
En el Festival Nacional, había intentado de todo, pero al final, no consiguió el resultado que esperaba.
Joana, esa mujer, de verdad que tenía lo suyo.
No importaba lo que sucediera, siempre lograba salir adelante.
Solo de pensarlo, a Catalina le ardía la impotencia.
Buscando en internet, se enteró de que una nueva agencia iba a competir directamente con Joana.
Ordenó a sus asistentes que investigaran y se enteró de que la responsable de esa agencia era Violeta, quien también acababa de iniciar su negocio.
Además, el papá de Violeta tenía relaciones comerciales con Arturo.
Catalina buscó fotos de Violeta en internet y notó que era una joven radiante, con una presencia imponente.
Eso le sacó una sonrisa.
—Definitivamente, mucho mejor que Joana —pensó.
—¿Y por qué me buscó a mí?
Catalina no ocultó ni un poco su desprecio hacia Joana.
—Porque tenemos una enemiga en común.
—¿Joana?
Catalina sonrió de lado.
—Así es.
Violeta se recargó en el respaldo de la silla, aún sorprendida por la confesión.
Aunque ya sabía que Arturo trataba a Joana de una forma especial, era la primera vez que escuchaba que Catalina la detestaba tanto.
Eso le dio esperanza.
Si hasta la mamá de Arturo quería apartar a Joana, entonces sus posibilidades aumentaban.
Violeta sonrió con delicadeza.
—Entonces, ¿a qué vine, señora? ¿Qué quiere decirme exactamente?
Sabía perfectamente que si la habían buscado, era porque compartían un objetivo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo