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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 789

Ya qué, con Ezequiel siguiéndola, Joana pensó que no tenía de qué preocuparse.

Recordó a los dos pequeños y, sin pensarlo más, abrió la puerta de golpe.

Apenas entró, un mesero rápido como el rayo cerró la puerta tras ella y, desde afuera, la aseguró con llave.

En ese instante, el corazón de Joana se llenó de terror. Apenas ahí comprendió que había caído en una trampa.

El cuarto estaba sumido en una oscuridad total; no podía ver ni una silueta, mucho menos a los dos niños.

Giró y golpeó la puerta con fuerza.

—¿Qué significa esto? —preguntó, tratando de mantener la calma.

—Señorita Joana, yo solo hago mi trabajo por el dinero —respondió el mesero desde el otro lado.

Sin decir más, el hombre se fue. Joana escuchó sus pasos alejarse, cada vez más distantes, hasta que desaparecieron por completo. Apretó los labios con fuerza, sin emitir un solo sonido más.

Sabía que, aunque gritara, nadie acudiría a abrirle.

Todo lo que estaba haciendo era inútil.

Ahora, Joana depositó toda su esperanza en Ezequiel.

Se giró y, a tientas, palpó la pared en busca del interruptor de la luz.

Mientras tanto, con una chispa de esperanza, llamó suavemente:

—¿Lisandro? ¿Dafne? ¿Están ahí?

Pero solo el silencio absoluto de la oscuridad le respondió.

...

Al mismo tiempo, Tatiana recibió la noticia.

Sonrió, curvando los labios pintados de rojo, y envió un mensaje a los matones que ya tenía preparados.

[Hagan lo que les dije. Entren por la puerta trasera; ahí no hay cámaras. Les dejé una escalera lista. Recuerden transmitir todo en vivo. Y ni se les ocurra tener compasión solo porque es mujer.]

Del otro lado, la respuesta fue casi inmediata; ya estaban listos para actuar.

Tatiana les había mandado la foto de Joana. Una oportunidad así no la iban a desperdiciar.

Cuando recibió la confirmación, Tatiana guardó el celular despacio, con toda la tranquilidad del mundo.

Ahora sí, sentía que apenas estaba comenzando su boda.

Solo esperaba que esa bola de matones no la decepcionara.

...

Sin embargo, Vanessa, aburrida en la mesa de los postres, lo notó al instante.

¿Cuándo había regresado Valentín?

¿Por qué nadie de la familia lo sabía?

Vanessa sentía que su presencia solo podía significar problemas. Una inquietud le revolvía el estómago.

Observó que, aunque parecía andar sin rumbo, Valentín en realidad seguía trayectorias muy específicas.

Poco después, lo vio dirigirse directo al área de camerinos.

Vanessa se puso alerta y, sin dudar, lo siguió.

...

Mientras tanto, Ezequiel había buscado por todos lados sin lograr encontrar a Joana.

En ese momento, sintió que se le acababan las ideas.

El pánico lo invadió.

¡Esto era un desastre!

¡¿Qué iba a hacer ahora?!

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