Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 795

Lisandro revisó la hora y suspiró:

—No entiendo qué está pasando, ya a estas alturas todo debería estar listo.

Calculó rápidamente en su mente: la boda debía estar por comenzar.

Dafne, con los ojos llenos de tristeza, sollozó:

—Yo hice todo lo que esa mujer dijo... ¿Por qué no nos deja salir? ¿Por qué no nos permite ver a mamá?

Para ella, Tatiana ya no tenía ni una pizca de confianza.

Dafne se sentía tan acorralada que, sin más opciones, optó por hacerle caso a Tatiana. Se metió la comida a la boca a la fuerza, tragando con dificultad.

Sobre todo porque Tatiana, la de ahora, ya no tenía ni rastro de aquella dulzura de antes. Cuando le acercaba el plato, Dafne tragaba con miedo, las lágrimas asomando, y el estómago hecho nudo.

Lisandro también notó que Tatiana los grababa en video.

Sin pensarlo mucho, adivinó sus intenciones.

Pero, mientras existiera la posibilidad de ver a su mamá, prefirió mirar hacia otro lado y no meterse.

—No podemos hacerle caso a lo que diga esa mujer —afirmó Lisandro con una firmeza inesperada en su voz—. Si queremos salir de aquí, tenemos que buscar la forma nosotros.

Sus ojos se clavaron en Dafne, apretando los puños, decidido.

Dafne asintió con toda la seriedad que le cabía en su carita hinchada de tanto llorar:

—Sí, hermano, mejor nos apoyamos entre nosotros.

Lisandro se levantó de un brinco. Ya no pensaba quedarse sentado, esperando que alguien viniera a rescatarlos.

Miró alrededor y fue directo a la puerta. Giró la perilla.

Sin sorpresa, la puerta estaba cerrada con llave.

Dafne, con esos ojos tan grandes, apenas pudo ocultar su desilusión:

—¿Y ahora cómo vamos a salir?

—Déjame pensar... —dijo Lisandro mientras se acercaba a la ventana.

Se asomó al balcón y echó un vistazo alrededor.

Estaban en el quinto piso. No podían arriesgarse a hacer cualquier locura.

Dafne, que ya tenía la experiencia de la vez pasada cuando intentaron bajar por el balcón, ahora se sentía un poco más valiente. Su carita se iluminó y preguntó con emoción:

Lisandro pensó que Dafne solo estaba jugando, pero para no desilusionarla, obedeció.

Un segundo después, sus ojos se abrieron como platos y exclamó, totalmente sorprendido:

—¡De verdad hay una escalera! ¿Qué significa esto?

Se giró a ver a Dafne, que ya sonreía de oreja a oreja, llena de orgullo:

—¿Ves? ¡Ahora sí tenemos cómo salir!

—¿Cómo? No me digas que piensas...

—¡Por supuesto! —Dafne ya se preparaba para saltar al balcón de al lado, lo que asustó a Lisandro.

Él la sujetó rápido, con la voz temblorosa por el susto:

—¡Espera, Dafne! ¡No te precipites! ¡Eso es peligrosísimo!

—No pasa nada, de verdad. ¡No es peligroso!

Dafne ya se había fijado bien: los dos balcones estaban juntos y, si pasaban al de al lado, solo tendrían que bajar por la escalera para estar a salvo.

Así, podrían escapar de ese cuarto y, quizá, encontrar a su mamá al fin.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo