Entrar Via

Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 796

Al ver que Dafne estaba tan decidida, Lisandro ya no quiso insistir más.

Por dentro, se dio ánimo a sí mismo.

¡Yo soy valiente, tengo que proteger a mi hermana!

¡Si mi hermana no tiene miedo, yo menos! ¡No me puedo quedar atrás!

No es para tanto, solo es un balcón… Con un paso y ya estamos del otro lado.

Después de prepararse mentalmente, Lisandro miró el balcón y, para su sorpresa, ya no sentía tanto miedo como antes.

Apretando los puños con fuerza, siguió a Dafne y se subió al balcón.

Al final, descubrió que no era tan aterrador.

Dafne, al notar que su hermano se relajaba, no pudo evitar alzar la barbilla con orgullo y decir:

—¿Ves? Te dije que no era para tanto. Ya casi, en cuanto salgamos de este cuarto, vamos a ver a mamá.

—¡Sí! —respondió Lisandro con entusiasmo, su corazón rebosando de alegría.

Al ver a su hermana tan valiente al frente, Lisandro sintió algo de vergüenza.

Se rascó la cabeza y propuso:

—Hermana, mejor déjame ir adelante. Ya se me quitó el miedo, ahora me toca a mí.

Dafne lo miró bien a los ojos, asegurándose de que de verdad ya no tenía miedo, y por fin se tranquilizó.

—Bueno, hermano, tú vas primero.

Desde atrás, Dafne no dejaba de animarlo con palabras de aliento.

Así, los dos pequeños cruzaron el balcón y bajaron por la escalera.

La escalera había sido colocada ahí antes por orden de Tatiana.

Después de que se llevaron a los matones, todos se olvidaron de la escalera.

Al salir finalmente del cuartito, las caritas de los dos se iluminaron de emoción.

—¡Qué padre, ya escapamos! —exclamó Dafne abrazando a Lisandro, temblando de emoción.

El pecho de Lisandro subía y bajaba con fuerza.

No podía creer que lo había logrado.

Ese balcón y la escalera ya no parecían tan aterradores como antes.

Al ver la emoción y el brillo en los ojos de Dafne, Lisandro sintió la misma alegría creciendo dentro de él.

Le tomó la mano a Dafne y dijo:

—Vamos, hay que buscar a mamá.

—Soy yo —murmuró Valentín, con ese tono helado que le hacía temblar la sangre.

Tatiana dejó de forcejear de inmediato.

Sin embargo, el nerviosismo se apoderó de ella.

Apartó de golpe la mano de Valentín que le tapaba la boca y le tiró con voz dura:

—¿Estás loco? ¿Qué haces aquí en este momento?

Ese día era su boda. No iba a dejar que nadie se la arruinara.

¡Ni siquiera Valentín!

Valentín observó su mano, la que Tatiana acababa de apartar con desprecio. Sus ojos se volvieron oscuros y sombríos.

Soltó una risita cargada de ironía.

—¿Qué, ahora sí ya te sientes muy valiente?

Un sudor frío recorrió la espalda de Tatiana.

El corazón le latía tan fuerte que sentía que se le saldría del pecho.

¿Cómo había olvidado lo peligroso que podía ser este tipo?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo