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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 801

Eso no eran más que detalles sin importancia, pensó Fabián. Más adelante, él mismo podría ayudarla a corregirlos.

El maestro de ceremonias, al notar que por fin retomaban el rumbo de la boda, se limpió el sudor de la frente y apresuró el paso al siguiente punto del programa.

—¡Me alegra muchísimo poder ser testigo de esta historia de amor! —exclamó con voz entusiasta—. Y ahora, la novia preparó un video especial para este momento... ¡Vamos a proyectarlo aquí mismo como regalo para el novio!

Tatiana parpadeó, totalmente confundida. ¿Cuándo había preparado ella un video así?

No tenía ni la menor idea de lo que estaba hablando el maestro de ceremonias.

Sin embargo, al alzar la vista, se topó con la mirada conmovida de Fabián.

—Tati, de veras que eres increíble —dijo él, visiblemente emocionado.

Al escuchar eso, Tatiana esbozó una pequeña sonrisa y se hizo cargo del asunto, aceptando la autoría del video:

—Solo quería que nuestra boda fuera perfecta, sin ningún pendiente. Con estar a tu lado me basta para ser feliz.

Fabián sintió una calidez inesperada en el pecho.

En el fondo, una oleada de culpa comenzó a apoderarse de él.

¿Cómo podía seguir dudando de Tati, si ella siempre le había sido fiel y jamás lo abandonó?

Con una mujer así a su lado, ¿qué más podía pedirle a la vida?

El maestro de ceremonias también se dejó contagiar por la emoción de la pareja.

Se limpió una lágrima imaginaria de la comisura del ojo y le hizo una seña al equipo para que iniciaran la proyección.

Todos los presentes en el salón se acomodaron, creyendo que verían una recopilación romántica de la historia de amor de los novios. Las miradas llenas de buenos deseos se centraron en la pantalla gigante.

En ese instante, el ambiente se quebró con el sonido entrecortado de jadeos y susurros.

—Con cuidado, no hagas tanto escándalo...

—¿No te parece emocionante así...?

—Vamos al camerino...

Las imágenes mostraban el perfil de Tatiana y un hombre.

El rostro de Tatiana, cubierto aún con el velo de novia, reflejaba una expresión de placer evidente. Llevaba puesto su vestido blanco.

El hombre, acurrucado entre su cuello y su hombro, tenía un parecido sorprendente con Fabián... pero no era él. Todos pudieron notarlo.

Tatiana sintió un estremecimiento recorrerle el cuerpo. Toda su serenidad se hizo trizas y le gritó al equipo técnico:

Simón giró y encaró a Hugo, exigiendo explicaciones:

—¿Qué está pasando aquí? ¿Cuándo volvió Valentín?

Renata, fuera de sí, golpeaba su pierna y lanzaba lamentos al aire:

—¡¿Cómo vamos a darle la cara a la gente?! ¡La familia Rivas queda en ridículo!

El video continuaba, los jadeos y susurros seguían resonando en el salón.

La vergüenza se apoderó de Tatiana. Estaba pálida como un papel.

Negaba con la cabeza, retrocediendo poco a poco:

—No... no es cierto... eso no pasó... yo no...

Se veía completamente deshecha, como una muñeca abandonada.

De pronto, se aferró al brazo de Fabián con desesperación, suplicándole con los ojos llenos de angustia:

—Fabián, déjame explicarte. Te juro que puedo explicarlo. Yo... yo no fui. Ese video es falso, lo editaron, alguien me quiere arruinar...

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