Nadie entre los invitados se atrevía ni a respirar mientras observaban a Fabián y Tatiana en el escenario.
¿Quién iba a imaginar que una boda terminaría convertida en este desastre?
Sin pensarlo dos veces, Fabián apartó de un golpe la mano de Tatiana. Ella perdió el equilibrio y terminó sentada en el suelo.
En la mirada de Fabián ya no quedaba ni rastro de aquel cariño de antes; en ese momento, sus ojos solo reflejaban una rabia brutal.
Se dirigió a Tatiana con una voz tan seca como una bofetada:
—¿De veras crees que todos somos ingenuos?
—No es así, yo no… —Tatiana no sabía hacer otra cosa más que llorar. Al ver la actitud dura de Fabián, se aferró a su última esperanza, abrazando su vientre—: Fabián, ¿ya se te olvidó? ¡Todavía tenemos a nuestro bebé! Es la prueba de nuestro amor…
Las palabras de Tatiana provocaron un murmullo inmediato entre los asistentes.
—¿A estas alturas sale con lo del bebé? ¿No será que ni siquiera es hijo de Fabián?
—Y pensar que llegué a creer en su historia de amor… Al final, parece que todo fue una burla.
—Después de lo que hizo, capaz que el bebé es de otro tipo…
—Ahora que lo dices, tiene sentido. Si anda con la panza tan grande y aun así hace esas cosas, ¿tú crees que Fabián lo aguantaría?
—Oye, el tipo del video… ¿no será pariente de Fabián o algo así?
El video seguía en pantalla, y ya todos habían notado cierto parecido entre el hombre y Fabián.
Eso sí, la forma de ser de aquel tipo era completamente distinta.
Valentín llevaba tanto tiempo fuera del país, que la mayoría ni lo reconocía.
Todos esos comentarios llegaban como cuchilladas a los oídos de la familia Rivas.
Fabián también escuchaba con claridad lo que decían. Sus ojos, negros y profundos, miraban a Tatiana con un desprecio que helaba la sangre.
Si las miradas mataran, Tatiana ya estaría hecha trizas.
La multitud se abrió, dejando a Joana y Arturo frente al escenario, sin escapatoria.
Joana solo pudo quedarse callada.
Ahora sí, todos se ponían de acuerdo para presionar.
Simón, con el rostro tan oscuro como la noche, cubrió los ojos de sus dos hijos y, sin aguantar más, soltó un grito:
—¡Ya basta!
Se volvió hacia Tatiana, molesto:
—Tatiana, cierra la boca de una vez. Haces el ridículo y todavía tienes el descaro de echarle la culpa a los demás —Simón apretó los dientes—. En la familia Rivas no queremos a una persona como tú, que solo sabe causar escándalos.
Luego, miró con seriedad a Fabián y dejó claro, sin dar espacio a dudas:
—No hace falta que papá diga nada. Yo te lo advierto: no voy a permitir que esa mujer ponga un pie en nuestra familia.

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