Tatiana apretaba con fuerza la sábana, el pecho subiendo y bajando a toda prisa.
Llevó la mano al vientre, su única carta fuerte, lo único que le quedaba. ¡No podía permitirse perderlo también!
Apenas llegó la enfermera, vio que Tatiana ya estaba despierta.
Caminó rápido hacia ella y le habló con suavidad:
—Señorita Tatiana, qué alivio que ya despertó.
—¿Mi bebé…? —preguntó Tatiana, tocándose el vientre. Sus ojos estaban a punto de soltar lágrimas.
De inmediato, la enfermera comprendió lo que pasaba.
—Tranquila, su bebé está bien.
Solo escuchar esas palabras hizo que Tatiana pudiera respirar de nuevo.
¡Eso era lo único que importaba, que su bebé siguiera con ella!
La mano con la que acariciaba su vientre se volvió mucho más delicada, sus ojos se llenaron de ternura, irradiando ese brillo maternal tan especial.
La enfermera dudó un momento, pero al final decidió hablar:
—Señorita Tatiana, tiene que cuidarse mucho más. Nada de alterarse ni de hacer cosas bruscas, por favor. Usted ya muestra señales de amenaza de aborto. De verdad, a partir de ahora debe tener muchísimo cuidado con su embarazo.
La sonrisa de Tatiana se quedó congelada.
Repasó las palabras en su mente varias veces antes de entender por completo lo que la enfermera quería decirle.
Asintió, como si su cabeza se moviera por inercia:
—De acuerdo, lo tendré presente.
La enfermera, al ver que desde el día anterior Tatiana no había recibido la visita de nadie, no pudo evitar sentir compasión por ella.
Así que le dijo:
—Señorita Tatiana, trate de contactar a su familia lo antes posible. En estos momentos, no debería estar sola en el hospital.
—Sí, lo haré —contestó Tatiana en voz baja.
La enfermera, al comprobar que Tatiana la escuchaba de verdad, por fin se marchó tranquila.
Jamás se imaginó que la famosa señorita Tatiana, la que todos miraban, estuviera completamente sola.
...
Giró la cabeza y, para su sorpresa, vio a Abril entrando con un vestido rojo ajustado y unos tacones altísimos, caminando directo hacia ella.
Los ojos de Tatiana se encendieron con furia:
—¿Qué? ¿Vienes a reírte de mí?
No esperaba verla ahí, pero el motivo de su visita era tan obvio que ni siquiera necesitaba pensarlo mucho.
Abril se cruzó de brazos y negó con la cabeza, moviendo los labios con burla:
—Uy, uy, uy, mírate nada más… Das hasta lástima.
Tatiana apretó el puño sobre la sábana, arrugándola toda.
—¡Lárgate! —Tatiana cerró los ojos, negándose a ver a Abril—. Aquí no eres bienvenida. No quiero verte.
—Con lo débil que estás, no eres tú quien decide si me ves o no —soltó Abril, con una sonrisa arrogante.
—Así es. Vine solo para burlarme de ti, ¿qué esperabas? Al fin y al cabo, eres una perdedora.
Sin disimular nada, se inclinó para examinarla más de cerca, disfrutando su momento:
—Mira nada más, qué pálida te ves. ¿Quién habría pensado que el señor Fabián podría ser tan despiadado, incluso con una mujer embarazada? Tatiana, la neta, qué fracaso el tuyo. Trataste de aprovechar que Fabián había perdido la memoria para atraparlo y, al final, ¿qué lograste? Puras ridiculeces. Mírate ahora, abandonada y sin nadie que te apoye… Das pena, la verdad. —Se rio con descaro, disfrutando cada palabra.

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