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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 822

Dafne asintió con dulzura, mostrando que había entendido.

Si mamá decía que era cuestión de tiempo, entonces no había nada de qué preocuparse.

Joana le acarició la cabeza a Dafne con ternura.

—Tú solo pórtate bien, la familia Rivas seguro te va a tratar con cariño. Al final de cuentas, eres parte de los Rivas, eso nadie te lo va a quitar jamás.

—Ya lo sé, mamá.

Dafne apretó un poco más la mano de Joana.

Ojalá mamá y papá no se hubieran divorciado.

De verdad se arrepentía.

Al levantar la mirada, por el rabillo del ojo notó cómo Arturo se desvivía por atender a Joana. La expresión de Dafne se volvió distante, casi ausente.

Mamá tenía razón: en la vida no existen los arrepentimientos que se puedan borrar.

Si antes no supo valorar a su mamá, ahora tenía todo el tiempo del mundo para compensarla.

...

En la habitación del hospital.

Tatiana apretaba las sábanas con fuerza, mirando la puerta cerrada con una rabia amarga que le corroía el alma.

No lo aceptaba. ¿Cómo era posible que hubiera terminado así?

Recordó cuando Fabián la había subido a la cama. Podía estar segura de que él todavía no recuperaba la memoria.

Eso era algo que debía aprovechar.

Además, tenía un as bajo la manga: el bebé que llevaba dentro.

Si jugaba bien sus cartas, podía asegurar su posición. El hijo le daría más poder.

La mirada de Tatiana se oscureció, su voz sonaba rasposa, casi irreconocible, y la mano con la que acariciaba su vientre se fue tensando poco a poco.

—No importa de quién sea este niño, ahora solo puede ser de Fabián.

Inspiró profundo, obligándose a mantener la calma.

La enfermera comprendió por qué ese hombre la trataba así. Se lo tenía bien merecido.

Tatiana negaba con la cabeza, como si no hubiera escuchado nada de lo que la enfermera le había dicho.

—Eso no es cierto. Mi bebé está bien, todavía me patea desde dentro. No le va a pasar nada. Lo voy a proteger, cueste lo que cueste.

Luego de esas palabras, Tatiana volvió a mirar su vientre, esta vez con ternura.

—Tranquilo, mi amor, mamá no va a dejar que te pase nada.

La enfermera se apartó rápidamente, murmurando por lo bajo:

—Esta mujer está loca.

Pero Tatiana no le prestó atención. Seguía mirando la pared blanca con ojos oscuros y llenos de determinación.

¿De verdad pensaban que, por cancelar la boda, el matrimonio con Fabián no contaba para nada?

¡Vaya tontería!

Al final de cuentas, ella y Fabián ya estaban casados legalmente.

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