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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 880

[Tranquila, él no va a conseguir la herencia.]

Al leer el mensaje, los ojos de Tatiana se oscurecieron, perdida en pensamientos que nadie podría adivinar.

Luego, apretó el puño despacio, sintiendo cómo la rabia le recorría todo el cuerpo.

Todo esto… ¡Fabián se lo había buscado!

Si no lograba quedarse con la herencia, era solo lo que se merecía.

Tatiana decidió no contestarle nada más a Valentín.

Antes de irse, giró para echar un último vistazo a las oficinas del Grupo Rivas; en su mirada se escondían mil emociones difíciles de descifrar.

Al final, se marchó sin dudarlo ni un segundo, con paso firme y decidido.

...

Mientras tanto, en la mansión, Catalina tenía la cara tensa y pálida de coraje.

Apretaba el celular con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Respiró hondo varias veces hasta que logró calmarse, aunque por dentro hervía de enojo.

En la pantalla de su celular, la última noticia sobre Estudio Renacer aparecía en letras grandes y brillantes.

A Catalina le costaba ocultar la aversión que sentía. ¿Por qué Joana siempre tenía tanta suerte?

¿Ahora había conseguido otra fábrica de telas?

Hasta donde ella sabía, no había muchas empresas capaces de fabricar el Velo Aromático.

Además, la fábrica de Elías ya estaba bajo su control, ¿de dónde demonios sacaba Joana otra opción?

Catalina había investigado todas las fábricas posibles. Cada una ya tenía acuerdos fijos con otras empresas y ninguna podía trabajar con Joana.

Así que, ¿cómo era posible que Joana aún encontrara un proveedor?

Catalina observó la pantalla del celular, y la rabia casi se le salía por los ojos.

—¿Quién diablos te está ayudando? ¿Por qué siempre sales bien parada? —murmuró entre dientes.

¿Sería otra vez cosa de Arturo?

Ese hijo suyo parecía estar dispuesto a llevarle la contraria en todo momento.

Por una mujer como Joana… ¿de verdad valía la pena? ¿Tanto así?

A veces Catalina no lograba entender en qué pensaba su hijo.

Tenía a su alcance cualquier mujer que quisiera y, aun así, se obsesionaba con alguien que ya había tenido otra relación.

¿Acaso ese muchacho no sabía distinguir lo bueno de lo malo?

—Quiero que me averigüen qué está pasando.

Catalina miró al mayordomo sin ocultar ni un poco la malicia que llevaba por dentro.

—Entendido, señora —respondió el mayordomo con respeto.

En ese momento, Violeta estaba en un bar, tomando con sus amigas.

Para animar la noche, habían pedido que unos modelos llegaran a la mesa a convivir con ellas.

El ambiente estaba tan encendido que, cuando sonó el celular, Violeta ni se fijó quién llamaba y contestó al instante.

—¿Bueno?

Al oír su voz, Catalina frunció el ceño de inmediato.

—Soy yo, Violeta. ¿Dónde andas?

Al escuchar la voz de Catalina, el efecto del alcohol se esfumó un poco y su mente volvió en sí.

Violeta endureció la mirada y, con una seña, pidió silencio a quienes la rodeaban.

Entonces, contestó al celular:

—Estoy ayudando en el estudio, señora. ¿Por qué me llama? ¿Pasa algo?

Las amigas de Violeta no daban crédito.

¿Esa era la misma Violeta de siempre?

¿Cuándo se había vuelto tan obediente?

Todas se miraron entre sí, sin atreverse a decir ni una sola palabra.

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