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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 930

—Ahora que lo pienso, todo esto te lo buscaste tú solito. ¡De verdad te lo tienes bien merecido! ¡El que todavía te tenga lástima es un iluso!

Sabrina, entre más pensaba, más se enfurecía. ¿Qué le vio Joana a este tipo en primer lugar?

Con ese aire presumido y engreído, hasta platicar con él unos minutos se le hacía asfixiante.

De solo verlo, sentía cómo la herida en su costado le palpitaba de coraje.

Fabián se quedó callado.

—...

Después de tremendo regaño de Sabrina, no supo ni qué contestar.

Pero a Renata, ver a su hijo así no le gustó nada.

—Tal para cual, igualita que Joana, —soltó Renata con desprecio—. Ya ni respetan a los mayores, y ahora hasta insultan a la gente así por así. ¿De dónde sacaron esas mañas? —Rodó los ojos con desdén—. Ahora sí entendí eso de “dime con quién andas y te diré quién eres”.

Las palabras de Renata hicieron que la mirada de Fabián brillara con suspicacia.

Para él, lo que decía su mamá tenía sentido.

Al fin y al cabo, Sabrina era la mejor amiga de Joana.

¿No sería que Joana la había puesto a decir todas esas groserías? Vaya, si hasta parecía que seguía sin superarlo.

Y justo eso, pensó Fabián, era la prueba de que Joana seguía pensando en él.

En ese momento, Fabián acomodó el cuello de su camisa y tosió, fingiendo indiferencia.

—Ya, mamá, deja eso. Ella es la mejor amiga de Joana, y Joana nunca pudo tenerme. Es normal que su amiga se ponga así conmigo, lo entiendo.

—Mejor ni nos rebajemos a su nivel, no vale la pena perder el tiempo aquí. Vámonos.

Renata soltó una risita desdeñosa.

—Tienes razón, seguro esto es otra de esas tretas de esa mujer, puro berrinche de ardida. Hijo, no te dejes engañar. Ya deberías estar acostumbrado a este tipo de trucos.

Al oír eso, Fabián levantó el mentón, tan engreído como siempre.

Dafne miró a sus lados, sintiendo ganas de cubrirse la cara de la vergüenza.

Sabrina, que ya no estaba bien del todo, sintió cómo la herida en su costado empezaba a doler más. Pequeñas gotas de sudor le brotaron en la frente.

Frunció la cara, aguantando el dolor.

No podía creer que ese tipo fuera tan descarado como para ponerle una mano encima.

¿Ni tantita caballerosidad? Por dentro, Sabrina rezongaba. Ella solo estaba defendiendo a su amiga. Pero ese tipo… cuando se recuperara, sería el primero en su lista para ajustar cuentas.

—¡Suéltala!

Una voz de mujer, conocida para todos, rompió el momento.

Todos voltearon al mismo tiempo. Al instante, vieron a Joana llegar corriendo, con el cabello alborotado y la respiración agitada.

Al ver que Fabián tenía a Sabrina agarrada de la muñeca y el gesto de dolor en su amiga, la mirada de Joana se volvió tan dura como el hielo. Dio unos pasos decididos hacia Fabián.

—¿Qué esperas? ¡Suéltala!

Apenas escuchó la voz de Joana, Fabián soltó la mano de Sabrina por puro reflejo.

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