—¿Señora?
Fabián lanzó la pregunta con un tono tan seco que el aire en la oficina se tensó.
Él ni siquiera había anunciado oficialmente su matrimonio con Tatiana, ¿y Andrés ya la llamaba así? ¿Qué significaba eso?
Andrés apretó los labios, esquivando la mirada de Fabián, y tartamudeó:
—Yo... yo me equivoqué, Sr. Fabián, es que ya se me hizo costumbre decirlo.
Por dentro, Andrés estaba a punto de soltar el llanto.
Estos dos, de verdad, solo se estaban divirtiendo a su costa.
¿De verdad les parecía tan gracioso jugar así con él?
Uno le pedía que la llamara así, el otro se indignaba cuando lo hacía.
Ser trabajador no significaba ser su payaso, él ya no sabía qué más hacer.
—¿Acaso fue Tatiana quien te pidió que la llamaras así? —Fabián lo miró fijo, con una mirada tan cortante que Andrés casi se encogió en su silla.
¿En qué momento su gente empezó a tratar a Tatiana con tanto respeto?
Andrés sentía que su cabeza iba a explotar mientras buscaba cómo explicar la situación.
Al final, se decidió y se lanzó:
—En realidad, fue porque antes la señorita Tatiana venía mucho a la empresa a buscarlo. Siempre estaba al pendiente de usted, cuidándolo sin perder detalle. Muchas veces traía sopas que ella misma preparaba, solo por preocuparse por su salud y su estómago. La señorita Tatiana sabía que cuando usted anda de trabajo en trabajo se olvida de cuidarse... Así que con el tiempo, todos comenzamos a pensar que ya estaban juntos. Por eso le decíamos señora...
Andrés bajó la cabeza y cerró los ojos, echando el discurso de corrido, como arrancarse una curita de golpe.
No se atrevía a mirar a Fabián, temía que su expresión lo delatara.
Cuando todo terminara, tendría que platicar seriamente con Tatiana sobre esto.
Después de todo, le estaba echando muchas flores delante de Fabián.
¡Esta paga sí que la merecía!
—¿Todo lo que dijiste es cierto?
Fabián soltó la pregunta, aún dudoso, sin apartar la mirada de Andrés.
Andrés, con cara de quien no rompe un plato, contestó:
—Sr. Fabián, no tengo nada que ganar mintiéndole con esto. Y además, ¿usted cree que me atrevería a engañarlo?
Eso sí que tenía sentido, pensó Fabián.
Así que Tatiana había estado tan pendiente de él todo ese tiempo...



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