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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 979

—¿Novio?

Fabián arrugó la frente, esa palabra le provocó un malestar inexplicable.

Era como si tuviera una espina clavada en lo más hondo del pecho, como si algo se le atascara en la garganta.

De pronto, la imagen de aquella noche en el bar volvió a cruzar por su mente.

Dos personas en el sillón, besándose de forma apasionada, sin importarles nada ni nadie a su alrededor.

A los ojos de Fabián se le asomó un destello rojo, mezcla de rabia y celos.

¡Qué mujer tan voluble y sinvergüenza!

Tatiana, con cara de inocente, soltó:

—Fabián, yo ni idea si la señorita Joana es así de voluble, tú eres el que lo dices y ya no sé ni qué contestar.

Fabián frunció la ceja.

—¿Acaso acabo de decir que es voluble?

Tatiana asintió, parpadeando con intención de hacerse la confundida.

—Claro, justo eso dijiste. Yo ni trato mucho a la señorita Joana, así que no sé si sea cierto lo que dices...

El semblante de Fabián se puso más oscuro que la noche. Habló con un tono seco.

—No importa, ya entendí lo que querías decirme.

—En serio, Fabián, no es por mala onda ni nada, no me malinterpretes. —Tatiana soltó un suspiro—. Solo me preocupa que mi amiga la está pasando mal, la verdad ya no sabe ni qué hacer, por eso vino a platicarme. Pero tú no te sientas incómodo, ¿sí?

Al escuchar el nombre de “Grupo Zambrano”, en Fabián se encendió una chispa de rivalidad.

Sin pensarlo mucho, ordenó:

—Pásame los datos de la empresa de tu amiga.

—¿Fabián, de verdad? ¿Eso para qué?

Tatiana fingió sorpresa, pero por dentro estaba que no cabía de la felicidad.

Fabián arrugó la frente, y su voz sonó impaciente.

—Ya te lo pedí, tengo mis motivos.

—¡Va, ahorita mismo te lo mando!

Aunque su voz sonaba alegre y agradecida, por dentro Tatiana no paraba de reírse con sarcasmo.

Quién como Fabián: bastó con mencionar a Arturo para despertar ese orgullo de competencia que hay entre hombres.

—Señora, ¿qué hace por aquí? —preguntó Andrés, siempre respetuoso.

Tatiana, con porte de jefa, respondió:

—Vengo a resolver unos asuntos. Y, por cierto, cuida bien al jefe, cualquier cosa que pase, me avisas a mí primero.

—Por supuesto, no se preocupe.

Al cruzarse, Tatiana le metió una tarjeta en el bolsillo del saco.

A Andrés se le iluminaron los ojos, y su tono se volvió más servicial.

—Señora, usted tranquila, yo me encargo de que el señor Fabián esté bien atendido.

Esa última frase la dijo en voz alta a propósito.

Desde adentro de la oficina, Fabián la escuchó sin problemas.

Así que, cuando Andrés abrió la puerta, Fabián preguntó sin pensarlo:

—¿Qué te dijo Tatiana?

Andrés, con la misma historia de siempre, contestó:

—Señor Fabián, la señora me pidió que me ocupara de su bienestar y de todos los detalles aquí.

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