Sky se incorporó de golpe, y su cuerpo se tensó al instante, como si cada músculo recordara de memoria lo que venía después, porque por supuesto que no era extraño escuchar a su padre llamar a su madre, mucho menos que estuviera borracho, ya que el olor a licor impregnaba la casa como una peste invisible que se colaba por las rendijas, lo que realmente la aterraba era lo que venía después.
Fue por ello por lo que, con movimientos apresurados, se envolvió aún más entre las mantas, hundiéndose en el colchón hasta que casi le faltó el aire, como si fuese una oruga escondida en su capullo, deseó, por un segundo, poder transformarse en cualquier cosa, en lobo, en pájaro, en bruma, lo que sea que la ayudara a desaparecer de allí, pero claro que nada de eso pasaría, por lo que buscó refugio entre aquellas telas, aunque en el fondo sabía que eso también era inútil, siempre era inútil.
Los pasos pesados resonaron en el pasillo, cada vez más cerca y más fuertes, como si fuese golpes de tambor marcando la cuenta regresiva hacia el dolor, hasta detenerse frente a su puerta... El silencio de esos dos segundos fue peor que cualquier grito.
—¡Tú, maldita perra!
El corazón de Sky se desplomó en su pecho, a la vez que sintió cómo algo dentro de ella se encogía, una parte aún viva que se acurrucaba asustada en un rincón, mientras la puerta se abrió de golpe, chocando contra la pared, y como el monstruo de una historia de terror, su padre apareció al pie de la cama, con los ojos enrojecidos, el aliento a alcohol, la rabia desfigurándole el rostro, ese hombre que debería protegerla era el mismo que la destrozaba casi todas las noches.
—¡Papá! —la palabra se le escapó de los labios antes de que pudiera detenerla— ¡Por favor! ¡Ya no más! ¡Te lo suplico! ¡Papá!
Pero para Richard, esa palabra no significaba nada, mientras las lágrimas corrían por las mejillas de Sky, a la vez que intentaba protegerse con el brazo que aún podía mover, encogiéndose, intentando hacerse pequeña, desaparecer, fundirse con el colchón, porque el dolor era tan insoportable que Sky perdió el control de su cuerpo, en un momento los músculos se le aflojaron, la respiración se le hizo errática, y entonces llegó la humillación, una que no sufría desde que tenía ocho años… Sky sintió la cama humedecerse bajo ella... se había orinado a causa del dolor y quiso morirse en ese instante, en verdad deseaba arrancarse la piel, dejar de existir.

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