Belén esbozó una pequeña sonrisa.
—Profesor, en el fondo es una buena persona. Solo que a veces le gusta bromear de más.
Rodrigo negó con la cabeza, dejando escapar un largo suspiro.
—Mi intención era que Hugo y tú terminaran juntos. Pero en fin, ya no me corresponde decir nada.
Belén entendía perfectamente lo que su mentor intentaba decirle.
Tras una breve pausa, le contestó.
—Agradezco sus intenciones, profesor. Pero el hecho de que rechazara a Hugo no tiene nada que ver con su enfermedad.
Rodrigo captó el mensaje: Belén nunca había sentido nada romántico por Hugo.
Y dadas las circunstancias, discutir sobre quién le gustaba a quién ya no tenía ningún sentido.
Al llegar a la acera, Rodrigo se detuvo y la miró a los ojos.
—Sea como sea, en cuanto tu pierna sane por completo, debes volver a la facultad para terminar tus trámites. Si no apruebas tu tesis, no podrás graduarte.
—Lo sé, profesor. Volveré el próximo semestre sin falta —le aseguró ella con una sonrisa.
Rodrigo volvió a suspirar, esta vez con pesadumbre.
—Por más que estudiamos medicina... hay cosas contra las que simplemente no podemos luchar.
Al escuchar esto, los ojos de Belén se llenaron de lágrimas.
—Todo saldrá bien, profesor —murmuró con voz frágil.
—Eso espero —respondió él.
Como Rodrigo no llevaba auto y Belén aún no estaba en condiciones de manejar largas distancias, tenían que tomar un taxi.
Justo cuando iban a hacer la parada a uno, Tobías salió corriendo de la mansión Soler.
—¡Belén, profesor! —les gritó a sus espaldas—. Déjenme llevarlos.
Belén se giró y le lanzó una mirada de advertencia.
—Puedo manejar, Tobías.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....