Entrar Via

De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1068

Belén esbozó una pequeña sonrisa.

—Profesor, en el fondo es una buena persona. Solo que a veces le gusta bromear de más.

Rodrigo negó con la cabeza, dejando escapar un largo suspiro.

—Mi intención era que Hugo y tú terminaran juntos. Pero en fin, ya no me corresponde decir nada.

Belén entendía perfectamente lo que su mentor intentaba decirle.

Tras una breve pausa, le contestó.

—Agradezco sus intenciones, profesor. Pero el hecho de que rechazara a Hugo no tiene nada que ver con su enfermedad.

Rodrigo captó el mensaje: Belén nunca había sentido nada romántico por Hugo.

Y dadas las circunstancias, discutir sobre quién le gustaba a quién ya no tenía ningún sentido.

Al llegar a la acera, Rodrigo se detuvo y la miró a los ojos.

—Sea como sea, en cuanto tu pierna sane por completo, debes volver a la facultad para terminar tus trámites. Si no apruebas tu tesis, no podrás graduarte.

—Lo sé, profesor. Volveré el próximo semestre sin falta —le aseguró ella con una sonrisa.

Rodrigo volvió a suspirar, esta vez con pesadumbre.

—Por más que estudiamos medicina... hay cosas contra las que simplemente no podemos luchar.

Al escuchar esto, los ojos de Belén se llenaron de lágrimas.

—Todo saldrá bien, profesor —murmuró con voz frágil.

—Eso espero —respondió él.

Como Rodrigo no llevaba auto y Belén aún no estaba en condiciones de manejar largas distancias, tenían que tomar un taxi.

Justo cuando iban a hacer la parada a uno, Tobías salió corriendo de la mansión Soler.

—¡Belén, profesor! —les gritó a sus espaldas—. Déjenme llevarlos.

Belén se giró y le lanzó una mirada de advertencia.

—Puedo manejar, Tobías.

Tras salir de la oficina del médico, permanecieron en silencio unos minutos en el pasillo antes de atreverse a entrar a la habitación.

Cuando Hugo los vio entrar con expresiones tan sombrías, adivinó de inmediato lo que pasaba.

—¿Acaso mi médico los mandó a regañarme? —bromeó, intentando aligerar el ambiente.

A pesar de su palidez, seguía conservando su sentido del humor.

Pero ni Belén ni Rodrigo estaban para bromas.

Tobías tuvo el tacto de no entrar; se quedó vigilando la puerta desde afuera.

Tras un tenso silencio, Belén tomó la palabra.

—Hugo, si no sigues el tratamiento, ¿cómo esperas recuperarte?

Hugo la miró con ojos llenos de una tristeza profunda pero tranquila.

—Quiero irme de este mundo entero y con dignidad. Los tres somos médicos, Belén... sabemos muy bien lo que implica la quimioterapia.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida