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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1067

La palabra "prometido" dejó tanto a Belén como a Rodrigo de una pieza.

Notando su desconcierto, Tobías extendió la mano hacia Rodrigo con total seguridad.

—Profesor Rodrigo, es un placer. Belén habla muchísimo de usted. Sé que es un médico muy respetado. Ella lo admira profundamente, y yo también.

Rodrigo tardó unos segundos en reaccionar, pero por educación estrechó su mano.

—Mucho gusto.

Tobías le dedicó una sonrisa a Belén, quien evitaba mirarlo y mantenía los ojos fijos en el profesor.

Rodrigo la miró un momento antes de volverse hacia Tobías, claramente confundido.

—¿Prometido? Belén nunca me mencionó nada al respecto.

Tobías sostuvo su mirada con aplomo, respondiendo con falsa modestia.

—No me malinterprete, profesor. Hasta hace poco sentía que no estaba a la altura de ella, pero ahora que me ha dado una oportunidad, por fin puedo decirlo con orgullo.

Rodrigo lo observó con detenimiento. El joven frente a él tenía buena presencia y hablaba con sinceridad; no parecía estar mintiendo.

Aun así, miró a Belén en busca de confirmación.

—¿Es cierto esto, Belén?

Ella sostuvo la mirada de su maestro, asintió levemente y respondió:

—Sí, profesor. Así es.

Dar explicaciones en ese momento solo habría complicado las cosas.

Además, técnicamente, Tobías no estaba mintiendo. Ella había aceptado sus sentimientos. Aquel día, fuera del cine, lo había besado y reconocido lo que sentía por él.

Al escuchar la confirmación, la mirada de Rodrigo se ensombreció.

—Yo pensé que te gustaba Hugo —murmuró, casi para sí mismo.

Tobías no se esperaba que Belén le siguiera la corriente, y la alegría le inundó el pecho.

Tobías hizo el amago de acompañarlos, pero Belén le cortó el paso.

—Yo acompañaré al profesor. Te veo mala cara, mejor quédate a descansar. O si estás incómodo aquí, puedes irte a tu casa.

Tobías la miró con cara de perrito abandonado, intentando tomarle la mano, pero ella se apartó con suavidad.

—Tobías, pórtate bien —le dijo con voz suave pero firme—. Regreso en cuanto terminemos la visita.

Ese tono cariñoso derritió cualquier resistencia en él.

—Está bien, te espero —cedió, asintiendo.

Una vez que se despidió de Tobías, Belén salió a la calle.

Rodrigo ya la esperaba afuera. Al verla, no pudo evitar hacer la pregunta que le rondaba en la cabeza.

—¿Qué le viste a un hombre tan imprudente como él?

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