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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1089

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Belén se arrojó a los brazos de Tobías, sollozando mientras le decía:

—Tobías, tengo miedo.

Él no dejó de acariciarle la espalda con su mano grande, y con tono de disculpa le susurró:

—Lo siento mucho. A partir de ahora, siempre dejaré una luz encendida para ti.

Belén se quedó apoyada en su hombro, desahogándose con lágrimas durante un buen rato hasta que poco a poco recuperó la calma.

Tobías la sostuvo con delicadeza, sin detener en ningún momento las suaves palmadas en su espalda.

Lo que Belén no podía ver era que la otra mano de Tobías apenas comenzaba a recuperar la sensibilidad.

Durante las tres horas que ella había estado profundamente dormida, había usado su brazo como almohada.

Para no despertarla, él soportó el entumecimiento en silencio.

Tuvieron que pasar varios minutos para que Belén se separara de su abrazo. Levantó la vista hacia él y preguntó con cierta duda:

—¿Ya es muy tarde?

Tobías echó un vistazo rápido a la pantalla de su celular antes de responderle:

—Sí, ya son casi las nueve.

Belén dio un brinco y se sentó de golpe en la cama, exclamando con horror:

—¡Tobías, de verdad tengo que irme ya!

Habían pasado casi veinticuatro horas desde que salió de casa la noche anterior.

Tenía motivos de sobra para pensar que, si no regresaba de inmediato, Leandro terminaría llamando a la policía para reportar su desaparición.

Al ver su estado de pánico, Tobías la tomó del brazo y le recordó con calma:

—Belén, no te desesperes. Te lo dije esta tarde, sin importar lo que suceda, yo estoy aquí contigo.

Belén clavó su mirada en los ojos de Tobías, buscando la sinceridad en ellos, pero al mismo tiempo fue consciente de su propia desnudez.

Al darse cuenta de que no llevaba nada puesto, se abrazó a sí misma instintivamente.

Tobías, sin intenciones de molestarla, se levantó de la cama con discreción y le indicó:

Tobías, al escuchar su voz desde el otro lado, no pudo evitar sonreír.

Lejos de insistir en entrar, obedeció y bajó de nuevo las escaleras.

Tras una espera de unos quince minutos en la sala, Belén finalmente hizo su aparición.

Tobías le había preparado un vestido largo ajustado de color café claro, una blusa y un abrigo del mismo tono.

Para completar el atuendo, calzaba unos tenis muy versátiles.

Tobías, que estaba de pie en el centro de la sala, no pudo quitarle los ojos de encima al verla bajar.

Cuando estuvo frente a él, Belén le dijo:

—Ya vámonos.

Él soltó una carcajada, pero en lugar de moverse hacia la salida, le extendió la mano.

Belén, comprendiendo al instante lo que quería, supo que esperaba que lo tomara de la mano.

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