Sin otra opción, extendió la mano y entrelazó sus dedos con los de él.
Tobías, satisfecho, la sujetó con firmeza.
Con un tono que no admitía discusión, le indicó:
—A partir de hoy, siempre que salgamos, me tomarás de la mano en todo momento. ¿Entendido?
Belén solo atinó a decir:
—Son las nueve. Si no vuelvo pronto, mi hermano en verdad llamará a la policía.
Tobías, restándole importancia, insistió:
—¿Aceptas mis condiciones o no?
Al ver que no le daba tregua, Belén cedió con resignación:
—De acuerdo, lo prometo.
Tobías no parecía convencido del todo.
—Tu respuesta no fue muy entusiasta.
Belén dejó escapar un suspiro.
—Te comportas como un niño pequeño. Ya lograste lo que querías y aún exiges más.
Tobías notó que ella caminaba con lentitud. Consciente de que aún le dolía la herida de la pierna, se agachó y la levantó en brazos sin esfuerzo. Mirándola a los ojos, le susurró:
—Creo que tú fuiste la que salió ganando.
Al escuchar sus palabras, el rostro de Belén se tiñó de rojo al instante.
Siempre era capaz de entender las insinuaciones de Tobías de inmediato.
Pero, pensándolo bien, él no se equivocaba; ella había salido ganando.
En el terreno íntimo, las habilidades de Tobías eran simplemente irreprochables.
Sin embargo, no pudo evitar preguntarse: si Tobías era tan hábil, ¿acaso se debía a su vasta experiencia? ¿Por eso era tan increíble?
Antes, ese detalle jamás le habría importado.
Pero ahora, en ese preciso momento, descubrió que empezaba a importarle, y mucho.
Tras dejar a Belén en el asiento del copiloto, Tobías se inclinó para abrocharle el cinturón de seguridad.
Una vez que terminó, no se apartó de inmediato. Manteniendo la cercanía, le dijo:
—Seguro que estabas pensando en algo travieso, ¿verdad?
Leandro lucía furioso, con una expresión sombría. A su lado, Dolores y Rosario intentaban bloquearle el paso.
—Leandro, por favor, Belén ya es una adulta. No seas tan asfixiante con ella, solo lograrás alejarla —le suplicaba Dolores con voz serena y paciente.
Pero Leandro, incapaz de contener su ira, estalló:
—Fue precisamente por no controlarla que terminó casándose con el idiota de Fabián.
Rosario extendió los brazos y se interpuso en el camino de su padre.
—Papá, hazle caso a mamá. No llames a la policía. Si está con el Sr. Tobías, seguro que mi tía está bien.
Al ver a su familia discutiendo tan acaloradamente por su culpa, Belén abrió la puerta del auto sin pensarlo dos veces.
Al bajar, estuvo a punto de llamar a Leandro, pero en ese preciso instante, Tobías también descendió, la tomó de la mano y le dirigió una sonrisa reconfortante.
—Vamos —le dijo—. Enfrentémoslo juntos.
En ese instante, una profunda sensación de paz embargó a Belén.
Inevitablemente, su mente viajó a los días oscuros que vivió con la familia Rojas.
En aquel entonces, Mariana le hacía la vida imposible con constantes críticas, y Fabián jamás movió un dedo para defenderla.
Pero ahora, con Tobías, todo era diferente. Él estaba allí, a su lado, dispuesto a enfrentar el mundo por ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....