Al darse cuenta de que la mujer frente a él era Frida, Fabián respondió con frialdad:
—Estoy bien.
Su tono era distante y su voz sonaba áspera.
En el fondo, sentía un dolor punzante por todo el cuerpo.
Los recuerdos de la noche anterior comenzaron a asaltar su mente en ráfagas desordenadas.
Aunque detestaba admitir que había actuado de esa manera, los recuerdos eran demasiado vívidos como para negar que había sido él quien cometió semejante estupidez.
Al notar que Fabián ni siquiera se dignaba a mirarla, Frida sintió una punzada de rabia, pero su instinto fue seguir interpretando el papel de mujer preocupada.
—Fabián, ¿qué fue lo que pasó realmente?
Fabián no tenía la menor intención de confesar que había ido a buscar a Belén, y mucho menos admitir que Tobías le había dado una paliza.
Por eso, se limitó a responder con total apatía:
—No pasó nada.
Frida, por supuesto, no le creyó ni una palabra e intentó sondearlo de nuevo:
—Pero las heridas en tu cara...
Fabián soltó la primera excusa que se le vino a la mente:
—Me golpeé borracho.
Al ver su absoluta negativa a hablar del tema, Frida decidió no presionar más.
—Bueno, está bien. Debes tener hambre. Iré a la cocina a traerte algo de comer.
Dicho eso, se dio la vuelta y bajó las escaleras.
Cuando llegó a la cocina, Camila estaba calentando un poco de sopa.
Frida entró con paso firme y la llamó:
—Camila.
Al escucharla, Camila volteó y respondió con cierto nerviosismo:
—¿Señorita... digo, Sra. Rojas? ¿Se le ofrece algo?
Por la costumbre, casi la llama "Señorita Frida", pero recordó a tiempo que Fabián enfurecía si no la trataban como a la dueña de la casa, así que se corrigió de inmediato.
A Frida no pareció importarle el desliz. Su rostro era una máscara impenetrable, sin rastro de emoción alguna.
Miró fijamente a la mujer y le exigió saber la verdad:
—¿Qué pasó anoche con Fabián?
Camila titubeó un instante antes de contestar:
—El señor bebió demasiado anoche. Fui a buscarlo para traerlo a casa. Eso fue todo lo que pasó.
Frida la escudriñó con sospecha, sus ojos clavados en ella con una expresión severa.
—¿Un día entero?
Frida asintió.
—Sí, ¿por qué? ¿Pasa algo?
Inexplicablemente, la imagen de Belén irrumpió en la mente de Fabián.
Todavía recordaba haberse metido por la ventana de su apartamento la noche anterior. Y también recordaba... que su intención era llevarla a la cama.
Pero entonces apareció Tobías y se abalanzó sobre él a golpes.
A partir de ese momento, la memoria de Fabián se volvía borrosa, un agujero negro de eventos confusos.
Lo único que creía recordar era a Belén corriendo detrás de Tobías.
¿Acaso lo dejó tirado en el suelo para ir a perseguir a ese infeliz?
Y ahora que él estaba de vuelta en la Mansión Armonía... ¿qué había pasado con Belén y Tobías? ¿En qué habría terminado todo aquello?
¿Acaso ellos...?
El simple hecho de contemplar esa posibilidad le revolvió el estómago. No quería, no podía pensar en eso.
Trató de asfixiar esos pensamientos con todas sus fuerzas. Se repitió a sí mismo que Belén aún era su esposa legal y que ella jamás lo traicionaría.
Exacto. Ella nunca se atrevería a hacer algo así.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....