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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1099

En la mansión Soler.

Después de que Tobías se marchara, Belén entró al baño a darse una ducha caliente.

Al salir, envuelta en una bata, se paró frente al espejo para secarse el cabello. Fue entonces cuando notó una enorme mancha de marcas rojizas salpicadas por todo su cuello.

Con solo ver esos hematomas, la memoria de la salvaje entrega de la noche anterior la invadió de golpe.

El cuerpo de Tobías parecía haberse convertido en una toxina que se filtraba lentamente por sus venas, provocándole, casi en contra de su voluntad, el deseo de volver a sentirlo.

Al recordar cada detalle, el calor le subió al rostro hasta dejarle las mejillas encendidas.

Tobías había actuado como un hombre muerto de hambre ante un banquete, llevándola a la cima del placer una y otra vez, exprimiendo hasta el último rastro de energía en su cuerpo.

Esa sensación electrizante era tan adictiva que de pronto sintió unas ganas inmensas de volver a experimentarla.

El problema era que Tobías ya no estaba allí.

Si estuviera, probablemente ya habrían terminado enredados en las sábanas de nuevo.

Al darse cuenta del rumbo que estaban tomando sus pensamientos, Belén se regañó mentalmente. Se dio unas palmaditas suaves en las mejillas y sacudió la cabeza con fuerza para despejar su mente.

Obligándose a ignorar esas imágenes, volvió a enfocar su atención en secarse el cabello.

Pero mientras más intentaba reprimirlo, más nítido se volvía el recuerdo de todo lo que Tobías le había hecho sentir.

Frustrada, apagó la secadora y se dio por vencida con su peinado.

Salió del baño y tomó el celular que había dejado en la cama. La pantalla brillaba con varios mensajes nuevos de Tobías.

«Amor, ya llegué a la oficina».

«Mira, sigo trabajando. Nada de salir a hacer locuras por ahí».

«Ya te extraño. Han pasado cincuenta y ocho minutos desde que me fui».

Además de esas frases cargadas de miel, le había mandado un par de fotos: una en el estacionamiento y otra desde su escritorio.

Al ver todo eso, Belén no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro.

Una sonrisa llena de una dulzura y una alegría que hace mucho no sentía.

En lugar de contestarle de inmediato, salió de la aplicación, buscó en sus contactos y llamó al maestro Rodrigo.

Capítulo 1099 1

Capítulo 1099 2

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