Belén dejó sonar la llamada un par de segundos antes de contestar.
En cuanto la pantalla se iluminó, el rostro apuesto de Tobías ocupó toda la imagen.
De fondo se veía la inmaculada pared blanca de su oficina.
Al ver a Tobías, la mente de Belén volvió a jugarle una mala pasada, llenándose sin remedio con las ardientes imágenes de la noche anterior y de esa misma mañana.
Era una mujer, con instintos y necesidades, pero en todos los años que había estado con Fabián, nunca había experimentado un deseo tan abrumador y salvaje por volver a la cama con un hombre.
Al parecer, su cuerpo era mucho más sincero que sus palabras.
—Amor, ¿qué haces? —preguntó Tobías al notar que ella parecía perdida en sus pensamientos.
Belén se obligó a salir de esa espiral de recuerdos indecentes. Sacudió levemente la cabeza para despejarse y contestó:
—Me estaba acomodando para dormir.
Tobías, que sabía leerla mejor que nadie, percibió su desánimo y fue directo al grano:
—¿Sigues preocupada por Hugo Navarro?
Ella decidió no mentirle. Asintió y admitió:
—Sí, un poco.
Tobías dejó escapar un suspiro y la consoló con voz suave:
—Hasta los médicos enferman y no pueden curarse a sí mismos. Son cosas que escapan de nuestras manos.
—Sí, lo sé —respondió ella.
La tranquilidad en su respuesta sorprendió a Tobías.
—¿Entonces ya lograste asimilarlo?
Belén, mirándolo a través de la pantalla, asintió de nuevo.
—Sí.
Al ver su actitud, la voz de Tobías se volvió más grave.
—Te traigo otra mala noticia.
Belén se esforzó por mantener la compostura.
—Dime.
En el fondo, ya intuía por dónde iba el asunto.
Tobías no anduvo con rodeos:
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....