Belén se frotó los ojos con fuerza, pero al abrirlos, la figura en la cocina seguía siendo innegablemente la de Tobías.
Mientras ella intentaba procesar la situación, él se dio la vuelta. La miró con ojos rebosantes de amor, envolviéndola en una mirada tan cálida que la hizo estremecer.
Casi por inercia, Belén soltó la pregunta:
—¿Qué... qué haces aquí?
Tobías tenía las manos mojadas. Se las secó tranquilamente con un paño de cocina antes de acercarse y pellizcarle suavemente la mejilla.
—¿No acordamos anoche que hoy iríamos a comprar ropa? —respondió él.
Belén giró la cabeza hacia el enorme reloj de pared de la sala. Apenas pasaban de las ocho de la mañana.
Volvió a mirarlo, genuinamente confundida.
—Pero... ¿no es demasiado temprano?
Tobías acortó la distancia, plantándose justo frente a ella. Bajó la mirada, conectando con sus ojos, y con una voz aterciopelada le dijo:
—Es que ya quería verte.
Belén notó las ligeras ojeras bajo sus ojos y una punzada de preocupación le oprimió el pecho.
—¿No pudiste dormir bien anoche? —preguntó, acariciando su rostro.
Tobías se inclinó para besarle los párpados. Manteniendo el rostro a milímetros del suyo, le confesó en un susurro ronco:
—Dormí, pero mi mente era un caos. Mi corazón no dejaba de latir por ti. La necesidad de verte era tan urgente que me vine lo más pronto posible.
Al escuchar eso, las mejillas de Belén se encendieron como fuego.
Antes de que pudiera reaccionar, Tobías la tomó por la cintura, atrayéndola con firmeza hacia su pecho.
Las manos de Belén aterrizaron instintivamente sobre sus pectorales.
Sentir aquel pecho firme y musculoso solo logró que se ruborizara aún más. Invadida por el pánico, comenzó a balbucear:
—Tobías, estamos en la mansión Soler. No... no hagas esto aquí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....