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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1113

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En el estacionamiento, dentro del auto de Tobías.

Él sostenía a Belén, dejando que ella usara su brazo como almohada. Aunque todo el brazo se le había adormecido por el peso, no hizo el menor intento de apartarla.

Tras descansar un buen rato, Tobías recuperó gran parte de su energía.

Fue entonces cuando la pantalla del celular de Belén, que se había caído en el asiento, se iluminó de repente. Tobías bajó la mirada y vio que era la notificación de un mensaje de WhatsApp, pero la vista previa estaba oculta, así que no pudo leer el contenido.

Aunque la curiosidad lo carcomía por saber quién le escribía y qué decía el mensaje, Tobías ni por un segundo pensó en desbloquear el aparato. Siempre había creído que la confianza era vital. Quería que todo entre ellos fuera por voluntad propia, y eso incluía el acceso a su privacidad. Si alguna vez revisaba su celular, sería solo porque ella se lo permitiera.

Por lo tanto, apartó la mirada y dejó de prestarle atención al dispositivo.

Pasó casi media hora más hasta que Belén se removió suavemente entre sus brazos. Al mirarla, vio que abría los ojos lentamente. Había dormido bastante, la temperatura dentro del auto era perfecta y sus mejillas tenían un leve y hermoso rubor.

Al verla despertar con la ropa medio desarreglada, casi a punto de resbalar por sus hombros, el corazón de Tobías volvió a acelerarse.

Belén notó cómo él tragaba saliva pesadamente y se sentó de inmediato, apartándose un poco.

—Tobías, ya descansé —anunció ella.

Al escuchar eso, él interpretó que ella había recuperado fuerzas para otra ronda, así que se inclinó impaciente, buscando sus labios.

Belén, dándose cuenta del malentendido, le puso la mano en la boca para detenerlo.

—Tobías, no quise decir eso. Me refiero a que ya podemos regresar.

Él sonrió, arqueando una ceja con picardía.

—Perfecto. Regresaremos ahora mismo y seguiremos allá.

Al ver su actitud ansiosa, Belén se apresuró a corregirlo:

—No, Tobías, mi punto es que debemos irnos de aquí, no que vayamos a otro lado a seguir haciendo... eso.

Le entregó el teléfono a Belén y tanteó el terreno:

—Alguien te mandó mensajes. ¿Quieres revisar?

Belén frunció el ceño extrañada, pero tomó el aparato. Al desbloquear la pantalla, descubrió que los mensajes eran de Fabián Rojas.

Tobías estaba que se moría de la duda, pero no se asomó a espiar. Volteó la cara hacia la ventana, fingiendo que la situación no le importaba en absoluto. En realidad, por dentro estaba impaciente.

Belén leyó el texto y luego reprodujo el video. Al verlo, se dio cuenta de lo obvio que había sido todo desde afuera. El auto se sacudía de manera escandalosa durante su encuentro.

Una preocupación inmediata la asaltó: *¿Y si los paparazzi los habían fotografiado?*

Después de todo, Tobías Galindo era una figura pública sumamente importante en Páramo Alto. Una noticia como esa valdría una fortuna para cualquier revista de espectáculos.

Tras esa oleada de pánico, Belén se quedó en shock por sus propios pensamientos. Era un mensaje directo de Fabián, reclamándole, y a ella ni siquiera se le había cruzado por la mente cómo se sentiría él al ver eso.

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