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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1114

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Tobías apartaba la vista deliberadamente para no ver el teléfono, pero a través del reflejo en el cristal de la ventana, notó que Belén se había quedado pasmada mirando la pantalla.

Rápidamente giró la cabeza y, haciéndose el desinteresado, preguntó:

—¿Quién te escribe?

Belén lo miró. Su intento de fingir indiferencia era tan malo que ni siquiera estuvo cerca de engañarla.

Tras unos segundos de silencio, soltó una pequeña carcajada, le tendió el celular desbloqueado y le dijo:

—Míralo tú mismo.

Tobías no se hizo de rogar; tomó el aparato al instante y leyó el chat de WhatsApp. Al darse cuenta de que Fabián no tenía idea de que el hombre que estaba en el auto con ella era él, sintió una punzada de irritación.

Sin pensarlo dos veces, tecleó una respuesta:

—¿Por qué no iba a querer a un hombre que puede hacerlo siete veces en una noche? ¿Y por qué habría de rechazarlo?

Al ver que Tobías estaba escribiendo, Belén entró en pánico por miedo a que provocara un escándalo innecesario. Rápidamente le arrebató el dispositivo.

—¡Tobías, no mandes tonterías! —le recriminó.

Al ver lo que había escrito, borró el mensaje de inmediato para todos.

Mientras tanto, rezaba internamente para que Fabián no lo hubiera leído antes de eliminarlo. Aunque estaba nerviosa, se consoló pensando que, tratándose de un hombre de negocios tan ocupado como Fabián, probablemente no estaba pegado a la pantalla en ese momento.

Ese pensamiento la tranquilizó un poco.

Tobías la observó eliminar su respuesta y, frunciendo el ceño con disgusto, le preguntó:

—¿Le tienes miedo?

Belén negó con la cabeza.

—No le tengo miedo. Solo no quiero tener más enredos con él. Cuantos menos problemas, mejor. Lo único que me interesa es concretar el divorcio de una vez por todas.

Al escuchar eso, Tobías sondeó con cautela:

—¿Y después de divorciarte de él, casarte conmigo?

Tobías tenía la vista clavada en los labios de Belén. Sentía una ansiedad ardiente en el pecho, como si unas garras le rasguñaran por dentro. Quería besarla con desesperación, pero se contuvo, intentando procesar la pregunta de su amigo.

Si Mateo lo llamaba para recordárselo, definitivamente era una fecha especial. Pero por más que forzaba la memoria, su cerebro solo estaba lleno de imágenes candentes y caóticas de él y Belén. No tenía la menor idea de qué día era.

Casi por instinto, estuvo a punto de responder que hoy era el día en que había hecho suya a Belén por decimotercera vez.

Sin embargo, antes de que abriera la boca, Mateo se quejó:

—No puede ser... ¿En serio se te olvidó?

Tobías soltó un murmullo evasivo:

—Ajá.

Y mientras pronunciaba ese sonido, no pudo aguantar más y besó a Belén. Ella no se apartó; al contrario, profundizó el beso. Entre el roce de labios y dientes, suaves suspiros escaparon de las bocas de ambos.

Al otro lado de la línea, Mateo captó esos ruidos sutiles y, arruinando por completo el ambiente, soltó:

—¿Qué pasa? Llevas tantos años sin una mujer que ahora dependes de ver videítos para resolver tus urgencias, ¿o qué?

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