Luc Moreau pidió la presencia de un abogado antes de responder nuevas preguntas. Durante horas negó conocer a Daniel y afirmó que los pagos correspondían a servicios de consultoría, pero las autoridades encontraron en una cuenta secundaria el anticipo recibido el día anterior al envío del sobre.
El investigador presentó a Victoria y Adrián una transcripción preliminar. Moreau había confesado que copió los sellos y utilizó el nombre de una empleada de la embajada porque sabía que se encontraba de licencia. También reconoció que recibió la orden de organizar una entrevista sin familiares.
—¿Quién estaría esperando a los niños? —preguntó Victoria.
—Dice que no lo sabe —respondió el investigador—. Debía conseguir que ustedes aceptaran la cita. Otra persona se ocuparía del traslado desde el estacionamiento.
Adrián apartó la carpeta con evidente repulsión.
—Era un secuestro.
—Quizá —dijo el abogado—. También pudieron utilizar a los niños para obligar a Victoria a salir de la mansión.
Ambas posibilidades provocaron el mismo silencio. Daniel había comprendido que ninguna amenaza contra Victoria resultaría tan eficaz como aquella dirigida hacia Camille y Mathis.
—Quiero trasladarlos a otra propiedad —decidió Adrián—. Nadie debe conocer la ubicación, y Victoria irá con ellos hasta que detengamos a Daniel.
Ella sostuvo su mirada.
—Acabas de decidir por los tres sin preguntarnos.
—No discutiré sobre seguridad cuando alguien intentó sacarlos mediante una orden falsa.
—Entonces no estás hablando como mi compañero, sino como el hombre que cree que sentir miedo le concede autoridad sobre todos.
El abogado y el investigador guardaron los documentos, comprendiendo que debían dejarlos solos. Adrián esperó hasta que la puerta se cerró.
—Si algo les ocurre porque no actué...
—Daniel eligió atacarnos. No permitas que también elija la clase de familia en la que vamos a convertirnos.
—No puedo quedarme quieto.
—Nadie te lo está pidiendo. Podemos cambiar rutas, aumentar guardias y preparar otro refugio, pero no desapareceremos sin explicarles nada a los niños.
Adrián caminó hacia la ventana. Victoria reconoció en su postura al hombre que había aprendido a resolver cada amenaza utilizando poder y distancia. Sin embargo, también vio el esfuerzo con el que intentaba no repetirlo.
—Tengo miedo de perderlos —admitió.
—Yo también, pero necesito que ese miedo nos acerque, no que te convierta otra vez en la única persona autorizada para decidir.
Adrián regresó y tomó sus manos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....