Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 34

Adrián esperó hasta la mañana siguiente para hablar con Victoria.

La encontró en el comedor, con una taza de té y una carpeta abierta. Revisaba proveedores, hacía anotaciones y consultaba su teléfono.

Antes, a esa hora, ella habría preguntado por sus reuniones, el chofer o su café.

Esa mañana no levantó la vista hasta que él se sentó frente a ella.

—Buenos días —dijo Adrián.

—Buenos días.

La respuesta fue educada, sin frialdad evidente, pero tampoco con la suavidad de antes.

Adrián miró la carpeta.

—¿Eso es del proyecto?

—Sí.

—¿El de la marca de lujo?

Victoria pasó una página.

—Sí.

Adrián apoyó los brazos sobre la mesa.

Había pensado varias formas de empezar, pero ninguna parecía correcta. Pedir perdón sonaba demasiado directo; felicitarla, demasiado tarde.

Así que eligió lo único que conocía bien: resolver.

—Puedo ayudarte con eso.

Victoria levantó la mirada.

—¿Con qué?

—Con el proyecto. Si necesitas contactos, proveedores, acceso a mejores materiales, puedo pedirle a mi equipo que te consiga opciones. También puedo asignarte un chofer fijo si tienes reuniones fuera. No deberías estar moviéndote sola con carpetas y muestras.

Victoria lo observó unos segundos.

No parecía molesta, y eso lo confundió. Esperaba resistencia o una pregunta defensiva, pero ella solo lo miraba como si intentara entender de dónde venía realmente su ofrecimiento.

—Gracias, pero no hace falta.

Adrián frunció apenas el ceño.

—No lo digo por compromiso.

—Lo sé.

—Entonces acepta.

Victoria cerró la carpeta con calma.

—Adrián, agradezco la intención, pero quiero hacerlo por mi cuenta.

La respuesta fue sencilla.

Aun así, él sintió que algo se tensaba entre los dos.

—No tienes que complicarte para demostrar nada.

—No estoy demostrando nada.

—Victoria, tengo contactos en ese círculo. Podría facilitarte reuniones, proveedores, incluso inversión si el proyecto crece.

—Eso es justo lo que no quiero.

Adrián la miró sin entender.

—¿No quieres apoyo?

—No quiero que mi trabajo termine dependiendo de tu apellido.

La frase lo dejó callado un momento.

—También es tu apellido.

Victoria bajó la mirada a su mano sin anillo.

—No por mucho tiempo, quizá.

Adrián sintió el golpe de la frase, aunque ella la dijo sin intención de herir.

—No digas eso como si ya estuviera decidido.

—Estoy hablando de mi trabajo, no de nuestro matrimonio.

—Tú fuiste quien mezcló las cosas.

Victoria respiró con calma.

—Porque en mi vida todo se ha mezclado durante años. Mi familia, tu familia, Fernanda, los acuerdos, la herencia, la casa. Cada decisión mía terminaba pasando por algo que no era mío. Este proyecto quiero mantenerlo distinto.

Adrián apartó la mirada un instante.

No sabía cómo responder sin sonar controlador.

—Solo quiero facilitarte las cosas —dijo.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué lo rechazas?

Victoria sostuvo la taza entre las manos, pero no bebió.

—Porque necesito saber qué puedo lograr por mí misma.

Adrián se quedó quieto.

No era un reproche, sino una confesión tranquila, y por eso le costó responder.

Antes, Victoria habría agradecido cualquier gesto suyo: un chofer, una llamada, una recomendación. Él confundió esa discreción con conformidad.

Ahora no.

Ahora ella entendía la diferencia entre ayuda e influencia.

—No tienes que hacerlo sola —dijo él, más bajo.

Victoria lo miró con una tristeza serena.

—He hecho muchas cosas sola, Adrián. Solo que antes fingía que no.

Él apretó la mandíbula.

No podía negar eso. No sin recordar las citas médicas cambiadas, las cenas donde la dejó en segundo plano, los eventos donde ella resolvía lo que él ni siquiera veía.

—No quiero ser un obstáculo —dijo.

—Entonces no lo seas.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO