Victoria seguía sin saber que Adrián ya había echado a andar su plan para engañar a Fernanda. Por eso, cuando mandó llamarla, Fernanda creyó que finalmente podría restregarle a su hermana su triunfo.
Entró a la habitación con una serenidad cuidadosamente construida, como si cada paso hubiera sido ensayado antes de cruzar la puerta. Llevaba el rostro suave, los hombros relajados y esa expresión de falsa preocupación que durante años había logrado convencer a todos. Victoria, en cambio, permanecía recostada, más pálida de lo que Fernanda esperaba, pero con una calma que no supo interpretar de inmediato.
—Vicky —dijo—. Me dijeron que querías verme.
Victoria asintió.
—Sí. Cierra la puerta, por favor.
Fernanda dudó apenas, pero obedeció. El clic de la puerta al cerrarse dejó la habitación demasiado quieta. Solo se escuchaba el ritmo constante de los equipos junto a la cama.
—¿Estás bien?
—No.
La respuesta le dio gran satisfacción a Fernanda, sobre todo porque veía cómo Victoria respiró con cuidado. Los equipos junto a la cama marcaban un ritmo estable, pero ambas sabían lo rápido que podía cambiar todo.
—No quiero que me dones un riñón bajo un engaño.
Fernanda la miró sin comprender del todo.
—¿De qué hablas?
—De Adrián.
La dulzura en el rostro de Fernanda se volvió más rígida. Fue un cambio mínimo, apenas una tensión en la boca, pero Victoria lo notó. Había vivido demasiado tiempo viendo a su hermana acomodar máscaras frente a todos.
—No entiendo.
—Sí entiendes. Le pediste nuestro divorcio a cambio del riñón.
Fernanda guardó silencio mientras Victoria sostuvo su mirada. Por un instante, ninguna de las dos pareció respirar.
—También le pediste que se casara contigo.
La máscara cayó apenas, solo lo suficiente para que Victoria viera lo que había debajo.
—Él te lo dijo.
—No importa quién lo dijo.
—Claro que importa, porque justo ayer firmó el divorcio.
Victoria sintió el golpe, pero no retrocedió. Esa frase pudo haberla lastimado más si no hubiera entendido ya el tipo de juego en el que todos estaban atrapados.
—Él no piensa entregar a su abogado esos papeles.
Fernanda se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Quizá firmó y quizá puede hacerte creer que acepta todos tus términos, pero no piensa darte lo que estás exigiendo. Yo tampoco quiero ser parte de eso y menos cuando ya existe otra opción.
La respiración de Fernanda cambió. Su rostro dejó de parecer herido y empezó a mostrar algo más crudo, más difícil de disimular.
—Me estás mintiendo.
—No.
—Quieres asustarme para que te done el riñón sin pedir nada.
—Si no lo quieres, entonces no deseo que me dones nada. Como te dije ya existe otra alternativa.
Fernanda soltó una risa baja, amarga, sin alegría.
—Qué noble. La mártir Victoria no quiere obligar a nadie mientras se aferra al hombre que me robó.
—Yo no te robé a Adrián.
—Te casaste con él.
—Porque todos me empujaron a ese matrimonio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....