Victoria aceptó participar en la sesión familiar después de hablar con su propia terapeuta y establecer límites que comunicó antes de entrar. Isabel, Ernesto y Fernanda ya se encontraban sentados cuando ella ocupó la silla más cercana a la puerta.
—No vine para perdonarlos ni para aliviar la conciencia de nadie —aclaró—. Tampoco aceptaré que esta conversación termine convirtiéndose en otra exigencia para que comprenda lo que hicieron.
Isabel asintió con los ojos enrojecidos.
—No tienes que cuidarme durante esta sesión.
Victoria no respondió. Había escuchado declaraciones semejantes antes, casi siempre seguidas por alguna explicación que terminaba convirtiendo su dolor en una reacción exagerada. Aquella vez esperaría hechos, no intenciones.
La terapeuta pidió a Isabel explicar qué papel había asignado a cada una de sus hijas. Ella tardó unos segundos en comenzar.
—Fernanda parecía necesitarme más, mientras Victoria resolvía todo sola. Convertí su fortaleza en una excusa para abandonarla emocionalmente.
Victoria mantuvo las manos sobre su regazo.
—No resolvía todo porque no necesitara ayuda, sino porque aprendí que pedirla no servía.
Isabel recibió la frase sin intentar contradecirla.
—Esperaba que cedieras porque confiaba en que podrías soportarlo. Cuando había un conflicto, te exigía madurez y trataba a Fernanda como si nunca pudiera responsabilizarse de sus decisiones.
—Me castigabas por ser la hija que menos problemas causaba.
—Sí, y ahora comprendo que también te enseñé que nuestro cariño dependía de cuánto estuvieras dispuesta a sacrificar.
Ernesto tomó la palabra cuando la terapeuta se volvió hacia él.
—Yo veía lo que ocurría, pero enfrentarme con Isabel habría alterado la comodidad que confundía con paz. Permanecí callado y después fingí que no había elegido ningún lado.
Victoria lo miró directamente.
—Tu silencio siempre tuvo un lado, papá, y nunca fue el mío.
Ernesto aceptó la acusación sin bajar la cabeza.
—Lo sé. Permití que cargaras con decisiones que correspondían a los adultos y luego esperé que regresaras sin exigir explicaciones.
Fernanda movió las manos sobre sus piernas antes de intervenir.
—También necesito decir algo que probablemente arruine cualquier intento de hacer agradable esta sesión.
—No estamos aquí para que sea agradable —contestó Victoria.
Fernanda sostuvo su mirada.
—Todavía siento resentimiento cuando te veo con Adrián. Sé que él te eligió y comprendo que nunca tuve derecho sobre su vida, pero algunas veces sigo pensando que ocupas el lugar que debía ser mío.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....