Fernanda recuperó parcialmente la conciencia mientras el vehículo avanzaba por un camino irregular. Tenía las muñecas sujetas y el rostro cubierto, por lo que solo pudo concentrarse en las voces de los hombres que discutían sobre la ruta.
—Daniel esperaba confirmación —dijo uno de ellos—. Debimos revisar antes de salir.
—La mujer viajaba en el vehículo indicado y no podíamos quedarnos allí.
El nombre de Daniel bastó para que Fernanda comprendiera quién había organizado el ataque. Intentó moverse, pero uno de los secuestradores le sujetó el hombro y le advirtió que permaneciera quieta.
Después de un tiempo imposible de calcular, el vehículo se detuvo. La llevaron a través de varios corredores y la sentaron en una silla, aunque mantuvieron su cabeza cubierta. Fernanda escuchó pasos que se aproximaban con una seguridad diferente a la de los otros hombres.
—Déjenme verla —ordenó Daniel.
Él mismo retiró la tela, convencido de que encontraría el rostro de Victoria. La satisfacción desapareció al reconocer a Fernanda, quien necesitó varios segundos para enfocar la mirada.
—¿Qué haces tú aquí?
Fernanda intentó apartarse cuando Daniel le sostuvo el rostro.
—Yo no elegí el vehículo.
Daniel se volvió hacia los secuestradores.
—Les ordené traerme a Victoria.
—Viajaba en el segundo automóvil, tal como informó el empleado —respondió uno de ellos—. La cubrimos antes de sacarla y no pudimos confirmar su identidad.
Daniel lo golpeó antes de regresar junto a Fernanda. Su frustración no se debía únicamente al error, sino a la humillación de haber preparado durante semanas el encuentro con Victoria y recibir en su lugar a la mujer que representaba otra interferencia.
—Siempre haces lo mismo —acusó—. Ocupas lugares que nunca estuvieron destinados para ti.
Fernanda sintió que la frase despertaba pensamientos conocidos, aunque intentó aferrarse a lo aprendido durante la terapia.
—No sabía que viajaría en ese automóvil. Victoria salió antes y el equipo de seguridad decidió trasladarme allí.
—Incluso cuando no lo intentas terminas interponiéndote entre nosotros.
—No existe ningún “nosotros”, Daniel. Victoria nunca te eligió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....