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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 309

Fernanda escuchó la conversación entre Daniel y uno de sus hombres desde la habitación contigua. Preparaban una videollamada para atraer a Victoria y discutían qué frases debía repetir para convencerla de que el cautiverio había despertado nuevamente su resentimiento.

—Si intenta advertirle, termina la llamada —ordenó Daniel—. Después me encargaré de que comprenda las consecuencias.

Fernanda mantuvo la cabeza inclinada cuando él entró. Durante los días anteriores había comenzado a fingir que las grabaciones y el aislamiento conseguían dominarla. Repetía algunas frases de la psicóloga infantil y evitaba confrontarlo, permitiéndole creer que sus recuerdos se desorganizaban con mayor rapidez.

—Victoria siempre me quitó lo que debía pertenecerme —murmuró antes de que él preguntara.

Daniel sonrió.

—Finalmente estás aceptando lo que intentaron hacerte olvidar.

—Ella se quedó con Adrián mientras yo estaba atrapada en una cama y ahora quiere formar una familia como si yo nunca hubiera existido.

La acusación le causó vergüenza, pero Fernanda la pronunció porque sabía que Daniel necesitaba escuchar su propia versión en la voz de otra persona.

—Cuando esto termine, podrás vengarte de Adrián —aseguró él—. Sin ese hombre, Victoria recordará que eres su hermana y volverá a necesitarte.

Fernanda asintió, ocultando la repulsión que le provocaba escuchar cómo Daniel reducía su relación con Victoria a una dependencia que podía imponerse mediante una muerte.

La colocaron frente a una cámara y le advirtieron que cualquier palabra ajena al guion traería consecuencias. Cuando la videollamada comenzó, Victoria apareció junto a Adrián en una habitación custodiada por investigadores.

Fernanda sintió alivio al verla, aunque transformó la emoción en resentimiento.

—Me abandonaste —acusó—. Daniel tenía razón cuando dijo que preferirías proteger tu compromiso antes que salvarme.

Victoria percibió que varias frases tenían una construcción semejante a las grabaciones infantiles.

—Estoy intentando encontrarte, pero necesito que me digas qué quieres.

—Quiero que Adrián pague por habernos separado.

Daniel permanecía fuera del cuadro, observando cada movimiento. Fernanda sabía que no podía mirar hacia él ni modificar el tono de manera evidente, por lo que recuperó un recuerdo que solo Victoria comprendería.

—¿Recuerdas cuando jugábamos a escondernos cerca de los trenes? —preguntó—. Tú siempre elegías la estación y me dejabas esperando dentro del vagón equivocado.

Victoria no respondió de inmediato. No habían jugado cerca de una estación real, pero durante su infancia utilizaban un tren de madera y ocultaban figuras dentro de cajas que representaban vagones. Fernanda siempre llamaba “estación” al armario donde guardaban el juego.

—No recuerdo que te dejara allí —contestó Victoria, fingiendo indiferencia.

—Nunca recuerdas aquello que me hiciste. Yo esperaba junto a la carga mientras tú te llevabas la pieza que querías.

La referencia coincidía con la estación de carga identificada mediante las facturas. Victoria deslizó una mano debajo de la mesa y escribió una palabra para los investigadores sin apartar la mirada de la pantalla.

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