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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 319

Aun así, no comprendía cómo su hermana podía conocer la existencia de una carta que nunca había enviado y que permaneció escondida desde el día de la evaluación.

—¿Quién te habló de ella? —preguntó, sin dejar de sostener el arma.

—Tú lo hiciste cuando llevaste la carta a la terapia —respondió Victoria—. La especialista registró que habías escrito algo después de conocer nuestro compromiso, aunque respetó tu decisión de no entregármelo.

Daniel se inclinó hacia Fernanda, procurando recuperar su atención.

—Escúchala bien, porque acaba de admitir que todos hablaban de ti a tus espaldas y analizaban cada pensamiento como si fueras incapaz de tomar una decisión.

Victoria no permitió que la acusación modificara su tono.

—Escribiste esa carta antes de que Daniel te encerrara, alterara tus horarios y mezclara las grabaciones con sus propias mentiras. Las palabras que guardaste pertenecen a una decisión que tomaste libremente.

Fernanda movió los dedos dentro del forro y rozó uno de los bordes doblados. Recordó la mesa de la clínica, el bolígrafo entre sus manos y el esfuerzo que le había costado reconocer los celos sin convertirlos en una nueva acusación contra Victoria.

—No recuerdo todo lo que escribí.

—No necesitas recordarlo ahora —dijo Victoria—. Basta con que sepas que existió un momento en el que nadie estaba ordenándote qué sentir.

La voz de los altavoces volvió a llenar la habitación y le exigió que castigara a Adrián. Las frases aseguraban que, si él desaparecía, Victoria dejaría de sustituirla.

Fernanda giró el arma hacia Adrián. Él mantuvo las manos visibles y no intentó acercarse.

—No tienes que disparar para demostrar que mereces salir de aquí —declaró—. Tampoco voy a pedirte que bajes el arma a cambio de perdonarte.

Daniel soltó una carcajada.

—Qué conveniente resulta hablar cuando tú eres el responsable de todo mal.

Adrián sostuvo la mirada de Fernanda.

—Lo que ocurrió entre nosotros no se resolverá en esta habitación y no necesitas ganarte mi absolución para conservar la vida. Daniel quiere convencerte de que solamente existen dos opciones: obedecerlo o quedar abandonada, pero ninguna de ellas es cierta.

—Él te considera una amenaza —insistió Daniel—. Si sales de aquí, permitirá que te encierren para poder casarse sin volver a preocuparse por ti.

Fernanda recordó otro fragmento de la carta, donde había escrito que aceptar el compromiso no significaba dejar de sentir dolor, sino renunciar a utilizarlo para castigar a su hermana. Las palabras llegaron incompletas, pero conservaban una claridad distinta a las frases repetidas por los altavoces.

—Yo escribí que Adrián nunca me perteneció —murmuró.

La expresión de Daniel cambió.

—Lo escribiste porque te habían convencido de que debías conformarte con perder.

Victoria dio otro paso, calculando cada movimiento para no aumentar la agitación de su hermana.

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