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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 340

Y así Fernanda condujo durante casi una hora sin decidir hacia dónde dirigirse. Pasó frente a calles que reconocía y tomó rutas distintas cada vez que una señal podía llevarla a la casa de sus padres o de regreso al centro, porque ninguna de esas opciones respondía a la necesidad que comenzaba a formarse dentro de ella.

Al detenerse ante un semáforo, miró el asiento del copiloto y creyó ver a Marcos sentado allí. No se sobresaltó porque reconoció de inmediato que no era real; su mente había comenzado a construir aquellas apariciones durante el tratamiento, especialmente cuando se sentía sola o debía enfrentar una decisión que habría compartido con él.

—No deberías estar aquí —murmuró.

La figura no respondió, aunque Fernanda pudo imaginar la sonrisa con la que Marcos solía recibir cualquier acusación, como si convertirlo todo en una broma le permitiera evitar las consecuencias.

—Tú también te escondías —continuó—. Quizá por eso permanecimos juntos durante tanto tiempo.

El semáforo cambió y Fernanda avanzó, consciente de que hablaba con un asiento vacío. Una parte de ella debería haberse avergonzado, pero después de escuchar voces implantadas, sobrevivir al cautiverio y confundir recuerdos reales con grabaciones, imaginar a Marcos parecía una manifestación casi amable de su mente.

Agradeció estar lo suficientemente dañada para sentirse acompañada durante aquella conversación, aunque sabía que permitirle permanecer no significaba creer que había regresado.

—Le volví a decir a Adrián que nunca lo amé —confesó—. Incluso confese que ni siquiera me caía bien.

Imaginó que Marcos habría respondido que siempre lo supo. Él conocía la manera en que ella hablaba de Adrián, no como un hombre al que deseaba comprender, sino como una posesión que demostraba su importancia frente a Victoria.

—Tampoco te amé de la manera en que intenté convencerme.

La admisión le dolió porque Marcos estaba muerto y ya no podía defenderse ni recordarle que habían planeado escapar juntos.

—Te necesité, te elegí algunas veces y otras te utilicé, pero siempre esperaba que resolvieras aquello que yo no quería enfrentar. Cuando me fallaste, convertí tu miedo en una traición sin reconocer cuántas veces hice lo mismo contigo.

El Marcos imaginado continuó acompañándola mientras atravesaba la ciudad. Fernanda no lo absolvió por participar en su secuestro ni por permitir que Daniel utilizara su cuerpo para el trasplante; tampoco convirtió su muerte en un castigo merecido. Podía extrañarlo y seguir reconociendo que ambos tomaron decisiones capaces de destruir a otras personas.

—Victoria no te mató y tampoco me quitó a Adrián —dijo—. He utilizado su nombre para explicar demasiadas cosas que solamente me pertenecen.

Capítulo 340 1

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