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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 345

Adrián intentó enfocar al hombre sentado al extremo de la barra, pero la columna continuaba impidiéndole ver su rostro y el alcohol convertía los contornos en figuras imprecisas. Su voz despertaba un recuerdo vinculado con alguna reunión, un enfrentamiento o una ceremonia a la que asistió sin interés, aunque no consiguió relacionarla con un nombre.

—No recuerdo haberte preguntado nada.

—No lo hizo.

El desconocido hizo una señal al encargado, quien sirvió un vaso de agua y lo colocó frente a Adrián.

—Creo que esto le resultará más útil.

Adrián observó el agua y después dirigió una mirada hostil al encargado, quien se apresuró a explicar que no había solicitado la intervención de nadie.

—Retíralo y sirve otro whisky.

—Ya ha bebido suficiente —intervino el hombre desde su asiento.

—¿Quién demonios eres para decidirlo?

—Alguien que reconoce a un hombre intentando castigarse sin saber a quién quiere hacer responsable.

Adrián descendió del banco con la intención de acercarse, pero tuvo que sujetarse de la barra para conservar el equilibrio. El desconocido no se volvió ni mostró preocupación, como si supiera que Adrián no conseguiría recorrer la distancia que los separaba sin llamar la atención de todo el lugar.

—Tenga cuidado —dijo.

—No necesito tu ayuda.

—Eso ha quedado bastante claro.

Adrián recuperó el asiento porque su cuerpo no le ofreció otra opción. Tomó el agua, aunque solamente para evitar que el encargado volviera a mirarlo con aquella mezcla de preocupación y miedo.

—Sabes quién soy.

—Resulta difícil no saberlo. Adrián Montenegro, director de uno de los principales conglomerados del país y protagonista frecuente de noticias financieras, aunque durante los últimos meses su familia también ha ocupado demasiados titulares.

—Si viniste a conseguir información, busca a otra persona.

—No necesito información sobre usted. Solamente me pareció extraño encontrarlo aquí, considerando todo lo que debería hacerlo feliz.

Adrián estuvo a punto de mandarlo a la chingada, pero el hombre continuó antes de que pudiera hacerlo.

—La adopción fue aprobada, anunció que volverá a casarse con la mujer que ama y, según algunos comentarios recientes, su familia podría crecer. Cualquier otra persona consideraría que tiene demasiadas razones para celebrar.

—No sabes nada de mi familia.

—Sé lo que aparece en las noticias y un poco más.

—Entonces sabes menos de lo que crees.

El desconocido aceptó la corrección y bebió un poco de su copa sin abandonar la posición que ocultaba su rostro. Tenía una manera pausada de hablar que irritaba a Adrián porque no parecía impresionado por su apellido ni por la amenaza pronunciada contra el encargado.

—¿Qué puede estar ocurriendo para que un hombre con todos sus recursos termine intimidando a quien le sirve una bebida?

Adrián volvió el rostro hacia el empleado, quien fingió concentrarse en limpiar varios vasos.

—No lo amenacé.

—Le recordó que su empleo depende de contratos relacionados con su empresa. Puede utilizar la palabra que prefiera, pero él entendió el mensaje.

—No es asunto tuyo.

—Tiene razón, aunque eso no vuelve menos evidente lo que está haciendo.

Adrián tomó el vaso de whisky que todavía permanecía frente a él, pero el encargado lo retiró antes de que alcanzara a beber.

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