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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 348

—Dile al conductor que no se detenga —pidió—. Seguridad ya va hacia ustedes.

Adrián transmitió la indicación, aunque el hombre al volante había comenzado a modificar la ruta para impedir que el otro automóvil se colocara a su lado. La carretera se estrechaba antes de una curva y dejaba poco espacio para realizar cualquier maniobra.

—Señor, sujétese —advirtió el conductor.

El padre de Daniel aceleró hasta quedar a un costado. Durante algunos metros, ambos vehículos avanzaron casi juntos mientras él intentaba invadir el carril y obligarlos a salir del camino.

—Está tratando de cerrarnos —dijo Adrián.

—¿Qué sucede? —preguntó Victoria—. Adrián, háblame.

El conductor frenó y giró para evitar el impacto. El movimiento permitió que el automóvil del padre de Daniel los rebasara, pero este intentó cruzarse delante de ellos sin considerar la cercanía de la curva.

Los neumáticos perdieron adherencia y el vehículo se desplazó hacia la barrera. El primer golpe hizo que la parte trasera se levantara; después giró varias veces y terminó volcado junto a la carretera.

El ruido atravesó la llamada. Victoria pronunció el nombre de Adrián mientras él comprobaba que su conductor todavía podía mantener el control.

—Estoy bien —respondió—. Nosotros no chocamos.

—¿Y el otro automóvil?

Adrián miró hacia atrás. Una de las ruedas continuaba girando mientras el resto del vehículo permanecía inmóvil.

—Se salió del camino.

—No regreses.

—Puede estar herido.

—Intentó provocar un accidente. Puede ser una trampa.

Adrián ordenó al conductor continuar, convencido de que detenerse los expondría a otro ataque. Avanzaron algunos metros, pero la imagen del automóvil volcado permaneció en el espejo y despertó un recuerdo que había intentado mantener enterrado.

Volvió a ser el niño atrapado después del accidente sufrido junto a su padre, escuchando que los adultos pedían ayuda mientras nadie sabía si ambos conseguirían salir. Recordó el peso del miedo, la espera y la certeza infantil de que una persona podía morir solamente porque alguien tardó demasiado en detenerse.

—Reduce la velocidad —ordenó.

El conductor lo miró por el espejo.

—Seguridad está a pocos minutos.

—Puede morir antes de que lleguen.

—Adrián, escúchame —intervino Victoria—. Ese hombre te siguió desde el hotel e intentó sacarte del camino. No tienes obligación de acercarte.

—No se trata de una obligación.

—Entonces sigue avanzando.

Adrián contempló el vehículo destruido. El padre de Daniel había amenazado a su familia y acababa de intentar matarlo, pero continuaba siendo un ser humano dentro de un automóvil que podía incendiarse o hundirse aún más junto a la carretera.

—Si lo dejamos y muere, no sabremos si pudimos evitarlo.

—Si regresas y te hace daño, nuestros hijos sabrán que elegiste acercarte a un hombre que intentó matarte.

Capítulo 348 1

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