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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 352

—Una persona vestida como camillero entró en la sala, retiró parte del equipo y aseguró que llevaría al paciente a estudios de imagen. Utilizó las credenciales de un empleado cuyo acceso fue duplicado, por lo que nadie cuestionó la orden.

Las cámaras mostraban al padre de Daniel cubierto con una manta y trasladado en silla de ruedas hasta una salida de servicio, donde lo esperaba un vehículo con las placas ocultas. Por las lesiones sufridas, era imposible que hubiera caminado o preparado aquella fuga después del accidente.

—Alguien estaba listo para ayudarlo si su plan fallaba —concluyó Victoria.

—Y conocía el procedimiento del hospital —añadió el investigador—. También sabía cuándo llegarían las autoridades para formalizar la custodia.

Victoria llevó ambas manos hacia su vientre.

—Ese hombre sabía conocía que estoy atravesando nuevamente problemas de salud, aunque aún no se ha anunciado públicamente.

Adrián retiró las piernas de la cama, dominado por el impulso de organizar la seguridad de la mansión, la escuela y cada hospital relacionado con Victoria, pero recordó lo que acababa de asegurarle.

—Díganme cuál es el protocolo y qué esperan de nosotros —pidió—. No tomaré ninguna decisión sin hablar antes con Victoria.

El investigador recomendó permanecer dentro de la propiedad, modificar temporalmente las rutas y suspender cualquier anuncio de la boda o el embarazo. Después observó a ambos con gravedad.

—Hasta que sepamos quién lo ayudó a escapar, deben asumir que el señor Montenegro no es el único objetivo.

Adrián entrelazó los dedos con los de Victoria y luchó contra el deseo de encerrarla en la mansión hasta encontrar al fugitivo, aunque comprendió que respetar los límites sería mucho más difícil ahora que el peligro volvía a acercarse a su familia.

Durante los días posteriores al alta siguió las recomendaciones de los investigadores y permitió que el responsable de seguridad organizara los cambios necesarios, pero cada jornada sin noticias sobre el padre de Daniel aumentó su necesidad de intervenir. Por las noches despertaba creyendo haber escuchado otro disparo y recorría las habitaciones hasta comprobar que Victoria y los niños continuaban allí.

Al principio se limitó a duplicar los guardias y modificar las rutas, aunque pronto exigió revisar a cualquier persona que intentara acercarse a la propiedad. Después decidió que Camille y Mathis permanecerían dentro de la mansión hasta encontrar al fugitivo.

—Tenemos clases. Quiero seguir aprendiendo español y convivir con otras niñas —protestó Camille.

—Estudiarán desde aquí durante unos días.

—La terapeuta dijo que debemos conservar nuestras rutinas.

—La terapeuta no tendrá que explicarles por qué los dejé salir si algo les ocurre.

Mathis escuchaba desde la escalera, aferrado a uno de sus juguetes.

—¿Hicimos algo para que ese hombre venga?

Adrián se acercó de inmediato.

—Nada de esto es culpa de ustedes.

—Entonces, ¿por qué estamos castigados?

La pregunta lo dejó sin respuesta. No pretendía castigarlos, pero había convertido cada medida en una prohibición que los niños no podían distinguir del encierro.

—En los otros lugares también cerraban las puertas cuando alguien hacía algo malo —añadió Mathis—. Si nosotros no hicimos nada, ¿por qué no podemos salir?

Adrián lo tomó en brazos y aseguró que únicamente intentaba protegerlos, aunque Camille no pareció convencida. Esa noche volvió a dormir vestida y colocó algunas pertenencias de Mathis dentro de una mochila, convencida de que debían estar preparados si alguien intentaba llevárselos.

La vigilancia hacia Victoria resultaba todavía más intensa. Adrián registraba sus medicamentos, cuánto comía, las horas que dormía y cualquier síntoma que ella mencionara. Solicitaba informes después de cada revisión e intentó conseguir que el hospital le enviara los resultados antes que a ella.

Victoria anuló aquella autorización en cuanto lo descubrió.

—No volverás a recibir información sobre mi cuerpo antes que yo.

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