Victoria no intentó ocultar el teléfono y se lo entregó inmediatamente a Adrián. La transformación en su expresión fue instantánea; la suavidad que había tenido durante el baile desapareció mientras sus ojos recorrían el salón.
—Voy a cerrar todas las salidas.
Sacó el teléfono, pero se detuvo antes de realizar la llamada y respiró mientras buscaba al responsable de seguridad.
—¿Qué recomiendas?
Victoria lo miró porque aquellas dos palabras habrían resultado imposibles meses atrás.
El hombre se acercó y explicó que no recomendaban cerrar completamente la propiedad, ya que eso podría generar pánico y, si la persona seguía dentro, advertirle que había sido detectada. El equipo ya revisaba accesos y cámaras sin interrumpir la recepción.
Adrián tensó la mandíbula.
—¿Y Victoria?
—Permanece rodeada por seguridad y no existe evidencia de una amenaza inmediata.
Regina apareció entonces y observó a su hijo.
—Deja que hagan su trabajo.
—Alguien está dentro.
—Y precisamente ahora sabremos si todo lo que dijiste en la iglesia era cierto. Cambiar cuando estás tranquilo no cuesta nada.
Adrián dirigió una mirada hacia Victoria y después guardó el teléfono.
—Continúen con el protocolo.
Victoria sintió algo extraño en el pecho que no tenía relación con la amenaza. Era reconocimiento, porque el hombre que antes habría controlado cada movimiento acababa de permitir que otra persona hiciera su trabajo.
Clara se había quedado pálida a unos metros y Eduardo levantó la mirada hacia ella.
—¿Mama, hiciste algo otra vez?
La pregunta hizo que varios adultos guardaran silencio.
Clara cerró los ojos.
—No, mi amor.
Victoria se acercó.
—Nadie está diciendo que tu mamá hizo algo.
Eduardo frunció el ceño.
—Pero ella está asustada.
—Todos estamos un poco preocupados.
Clara miró a Victoria.
—Daniel consiguió información por mí antes. Si alguien está utilizando datos antiguos…
—Eso se investigará —intervino Adrián—, pero no vas a ser tratada como culpable solamente por tu historia. Si existe evidencia, se revisará; si no existe, no permitiré que conviertan una sospecha en condena.
Eduardo pareció relajarse y Victoria volvió a observar a Adrián. El hombre que años atrás habría despedido a alguien antes de preguntar estaba aprendiendo incluso allí.
Ernesto apareció poco después.
—Tengo una propiedad fuera de la ciudad. Victoria debería trasladarse esta misma noche.
Ella negó inmediatamente.
—No.
—No sabes quién está aquí.
—Y tú no vas a decidir dónde vivo.
Ernesto abrió la boca para responder, pero terminó cerrándola.
—Tienes razón.
Victoria parpadeó, sorprendida.
Su padre exhaló.
—No me gusta, pero tienes razón.
Aquella noche, cuando finalmente pudieron subir a su habitación, Victoria cerró la puerta detrás de ambos y apoyó la espalda contra ella.
—Esperaba una noche de bodas con menos investigadores.
Adrián se quitó la chaqueta.
—Lo siento.
Ella levantó una mano.
—No empieces.
—Alguien consiguió entrar.
—Seguridad está trabajando.
—Victoria…
—Daniel ya nos quitó demasiado. No pienso regalarle también nuestra noche de bodas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....