Los abrió uno después de otro y apartó la tela hasta apoyar las manos sobre su pecho, disfrutando de la manera en que él permanecía quieto bajo su iniciativa, como si todavía estuviera aprendiendo que dejarla decidir no significaba permanecer distante.
Adrián cubrió una de sus manos con la suya.
—Pensé que estabas cansada.
—Piensas demasiado.
—Estoy intentando asegurarme de…
Victoria volvió a besarlo antes de que terminara.
—Esta vez no necesito que pienses por mí.
La respuesta consiguió que él dejara de hablar. Victoria continuó desabotonando la camisa hasta retirársela por completo y pasó las manos por su pecho y sus hombros, permitiéndose recorrerlo con una libertad que años atrás habría estado acompañada de preguntas que ya no existían. Durante su primer matrimonio había esperado muchas veces que una caricia significara algo más, que una noche juntos consiguiera demostrarle que Adrián empezaba finalmente a verla; ahora no estaba buscando confirmación alguna, porque conocía perfectamente lo que él sentía y, más importante todavía, sabía lo que sentía ella.
Adrián la observó durante algunos segundos antes de deslizar los dedos hacia el cierre de su vestido.
—¿Puedo?
Victoria levantó una ceja.
—No arruines el momento convirtiéndolo en una entrevista.
Él sonrió.
—Estoy aprendiendo un nuevo sistema.
—Improvisa un poco.
Adrián obedeció y comenzó a ayudarla con el vestido. Lo hizo lentamente, siguiendo cada movimiento de Victoria y dejando que la tela descendiera mientras sus ojos recorrían aquello que iba descubriendo. Ella no bajó la mirada ni intentó cubrirse; por el contrario, sostuvo la suya porque había algo profundamente distinto en ser contemplada de aquella manera cuando ya no sentía que necesitaba competir con el recuerdo de otra mujer.
—Eres preciosa —murmuró Adrián.
—Eso suena demasiado sencillo viniendo de un hombre que habla durante horas en reuniones.
—Entonces puedo darte una presentación completa.
—Ni se te ocurra.
La sonrisa de Adrián desapareció cuando se acercó nuevamente y besó uno de sus hombros antes de ascender hasta su cuello y buscar sus labios. Victoria rodeó su cuerpo con los brazos y lo atrajo hacia ella, sintiendo el contacto de su piel contra la suya mientras las últimas prendas quedaban atrás y la distancia física desaparecía junto con muchas de las cosas que habían definido el matrimonio anterior.
Allí no estaba Fernanda, tampoco las familias ni aquella obligación que años atrás convirtió a Victoria en la mujer disponible cuando todos necesitaban algo. No estaba la esposa que aprendió a agradecer cualquier muestra de atención porque temía pedir demasiado ni la mujer que esperaba pacientemente a que su marido decidiera verla.
Estaba Victoria y estaba allí porque quería.
Adrián pareció comprender la diferencia en el mismo instante en que ella volvió a buscarlo. Sus manos recorrieron su cuerpo con una atención que no intentaba dominar el momento, sino descubrirlo, mientras Victoria respondía acercándolo cuando quería sentirlo más cerca y guiándolo sin vergüenza cuando deseaba algo distinto. Aquel intercambio terminó volviendo innecesarias muchas palabras.
Cuando entro en ella, el instante en que finalmente dejaron de existir barreras entre ambos los obligó a detenerse durante unos segundos. Victoria mantuvo los brazos alrededor de Adrián y él sostuvo su rostro entre las manos, mirándola con una intensidad que la hizo olvidar incluso la amenaza que minutos atrás ocupaba toda la habitación.
Para Adrián, tenerla allí no se parecía a conquistar aquello que había perdido. Después de todo lo ocurrido, comprendía demasiado bien que Victoria no era algo que pudiera ganar, conservar mediante fuerza o proteger hasta convertirlo en posesión. Ella estaba ofreciéndole algo mucho más difícil de obtener porque dependía exclusivamente de su voluntad: había decidido compartir nuevamente su vida con él.
—Victoria…
Ella acarició su rostro.
—Estoy aquí.
Adrián cerró los ojos durante un instante antes de volver a besarla y continuar, atento a cada reacción mientras ambos encontraban un ritmo en el que la urgencia no necesitaba convertirse en prisa. Victoria se permitió sentirlo sin cargar consigo los recuerdos de aquel primer matrimonio, respondiendo a sus caricias y buscándolo también, consciente de que podía acercarlo, detenerlo o cambiar cualquier cosa porque aquel cuerpo, aquel deseo y aquella decisión le pertenecían antes que a cualquier esposo.
Cuando todo terminó, permanecieron juntos sin necesidad de separarse inmediatamente. Adrián acariciaba lentamente la espalda de Victoria mientras ella descansaba contra su pecho y escuchaba la respiración de ambos recuperar un ritmo más tranquilo.
—Creo que esta fue oficialmente nuestra primera noche de bodas —comentó él después de un rato.
Victoria levantó apenas el rostro.
—Técnicamente hubo otra.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....