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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 360

Adrián volvió a leer el mensaje mientras Victoria permanecía frente a él, y aunque ninguno necesitaba repetir lo que acababan de concluir, la misma pregunta parecía haberse instalado entre ambos. Alejandro había escapado herido, requería atención médica y seguramente dependía de otras personas incluso para mantenerse oculto, mientras quien los vigilaba actuaba con demasiada rapidez, conocía movimientos recientes y parecía tener acceso a recursos que, hasta hacía poco, todos creían desmantelados.

—Nos vamos —dijo Adrián finalmente.

Victoria levantó la mirada con una expresión que consiguió que él corrigiera de inmediato.

—Quiero decir que deberíamos considerar regresar.

—Eso sonó bastante diferente.

—Estoy haciendo un esfuerzo enorme.

Ella dejó escapar una sonrisa, aunque la preocupación seguía allí.

—Yo también quiero volver.

Adrián la observó con evidente sorpresa.

—¿Por el mensaje?

—Por varias cosas. Los niños están allá, mis médicos también y, si alguien sabe dónde estamos, quedarnos aquí dejó de tener sentido. Pero quiero que quede claro que regreso porque lo considero lo mejor, no porque acabas de decidirlo por ambos.

Adrián se acercó hasta quedar frente a ella.

—Curiosamente, escucharte llegar a la misma conclusión que yo sin tener que obligarte resulta bastante tranquilizador.

Victoria arqueó una ceja.

—¿Ves? Escucharme siempre fue más eficiente.

—No pienso reconocer que perdiste años tratando de enseñarme algo tan sencillo.

—No tienes que reconocerlo. Yo ya lo sé.

Él terminó sonriendo, pero al rodear su cintura su expresión volvió a endurecerse.

—Lo que no puedo dejar de pensar es quién está haciendo esto. Alejandro necesitó ayuda para salir del hospital y seguramente sigue necesitándola, pero una cosa es pagar a alguien para que te esconda y otra mantener una operación capaz de seguir nuestros movimientos.

Victoria apoyó las manos sobre su pecho.

—Entonces dejamos de pensar únicamente en dónde está Alejandro y empezamos a preguntar quién está detrás de él.

—O quién trabaja a su lado.

Ninguno añadió una tercera posibilidad, aunque ambos parecieron pensarla. Todavía no había razones suficientes para imaginar algo más, y Victoria se negó a permitir que la incertidumbre llenara los espacios que la evidencia aún no podía ocupar.

Regresaron ese mismo día después de coordinar el traslado con seguridad. Adrián pasó buena parte del trayecto hablando con su equipo, pero evitó convertir cada actualización en una orden adicional para Victoria, quien lo observaba de vez en cuando con cierta diversión al descubrir lo evidente que resultaba el esfuerzo de su esposo por no recuperar viejas costumbres.

Cuando llegaron a la propiedad, Mathis apareció antes de que el vehículo terminara de detenerse y corrió hacia ellos con el reloj de Adrián todavía sujeto a la muñeca. Camille salió detrás, caminando con más dignidad aunque no consiguió ocultar el alivio cuando vio a Victoria bajar.

—Regresaron antes —anunció Mathis mientras mostraba el reloj como si hubiera realizado personalmente todos los cálculos.

—Eso significa que me debes algunas horas —respondió Adrián.

—No funciona así.

—El reloj es mío, yo decido cómo funciona.

Camille negó mientras abrazaba a Victoria.

—No le hagas caso. Lleva dos días diciendo que faltan exactamente muchas horas.

—Esa no es una medida de tiempo —protestó Mathis.

—Precisamente.

Eduardo apareció un poco después llevando varias hojas pegadas entre sí, donde había dibujos, números y marcas que evidentemente formaban el calendario que habían preparado durante la ausencia de la pareja.

—Hicimos esto para que supiera cuándo regresaban.

Victoria tomó las hojas y observó uno de los dibujos.

—¿Ese soy yo? —preguntó Adrián al asomarse por encima de su hombro.

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