Fernanda recibió la llamada de su abuela poco después y se alejó de la ventana antes de contestar, consciente de que esta vez no quería una explicación general sobre apellidos conocidos en Londres, sino respuestas capaces de ordenar los recuerdos que comenzaban a regresar con demasiada claridad.
—Abuela, necesito que me digas desde cuándo nuestra familia conoce a los Harrington.
Fernanda escuchó la respuesta con atención.
—No me refiero a negocios recientes. Hablo de cuando Victoria y yo éramos más jóvenes y viajábamos con mamá y papá para verlos.
La explicación confirmó que ambas familias habían coincidido durante años en reuniones sociales, cenas y algunos asuntos empresariales administrados entre personas del mismo círculo.
Fernanda se sentó.
—¿Yo conocía personalmente a William?
Volvió a escuchar.
—¿Varias veces?
La pregunta salió antes de que pudiera disimular la sorpresa.
Fernanda dirigió la mirada hacia las fotografías extendidas sobre la mesa.
—Recuerdo algunas reuniones, pero no tenía presente que hubiéramos coincidido tanto.
Su abuela continuó hablando y mencionó visitas en las que William aparecía porque mantenía relación con sus abuelos y con personas cercanas a ellos.
Fernanda tomó una de las fotografías.
—¿Victoria también estaba?
La respuesta fue afirmativa.
Eso explicaba por qué el apellido también le había resultado familiar a su hermana, aunque Victoria probablemente no había prestado a William la misma atención.
—¿Y la familia Reyes? ¿Daniel ya formaba parte de esos círculos?
Su abuela aclaró que la conexión existía por la madre de Daniel, aunque él no acompañaba con frecuencia a los Harrington durante aquellas reuniones.
Fernanda apretó ligeramente la fotografía.
—Entonces William ya era primo de Daniel y nosotros lo conocíamos sin relacionarlos demasiado.
Escuchó otra respuesta y frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir con que siempre estaba pendiente de mí?
La mujer al otro lado pareció intentar suavizarlo, pero Fernanda insistió hasta recibir una explicación que la obligó a mirar nuevamente las imágenes.
William solía buscar conversación con ella, recordar detalles que había mencionado y aparecer cerca cuando las familias coincidían. En aquella época nadie lo había considerado extraño porque ambos eran jóvenes y su trato parecía educado.
Fernanda le pidió entonces que intentara recordar si William había mostrado el mismo interés por Victoria o por otros jóvenes de la familia, y la respuesta hizo que su atención aumentara todavía más. Su abuela no recordaba que buscara a Victoria con la misma frecuencia ni que preguntara después por ella cuando los Altamirano regresaban a México. En cambio, William solía interesarse por saber cuándo volverían a Londres y si Fernanda acompañaría a sus padres.
La explicación no implicaba necesariamente nada impropio, porque entonces todos lo interpretaban como una afinidad entre jóvenes que coincidían durante las visitas, pero ahora Fernanda no podía evitar preguntarse cuánto de aquello había sido simple cortesía y cuánto había continuado después de que ella dejó de verlo.
La duda resultaba todavía más incómoda porque William jamás había intentado contactarla directamente durante todos esos años, al menos que ella recordara.
—No estoy diciendo que haya hecho algo. Solo intento entender.
Cambió de tema antes de que su abuela pudiera interpretar demasiado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....