Muy lejos de allí, por recomendación de los especialistas que atendieron a los niños después del rescate, Victoria y Adrián acudieron con ellos a una sesión familiar destinada a entender mejor aquellas reacciones y aprender cómo acompañarlos sin transformar cada miedo en una nueva prohibición.
Camille se sentó entre sus padres desde que entraron al consultorio, mientras Mathis eligió una silla cercana a la puerta y mantuvo la atención dividida entre la conversación y el pasillo que alcanzaba a ver desde allí. Victoria notó el gesto, pero evitó pedirle que se acercara porque había empezado a comprender que insistir demasiado podía convertir una necesidad de seguridad en otra fuente de tensión.
La terapeuta comenzó hablando con ambos niños de una manera sencilla, preguntándoles qué cosas les daban miedo desde que habían regresado a casa y cuáles empezaban a sentirse un poco más fáciles.
—No me gusta cuando mamá sale y no sé cuánto va a tardar, porque aunque me diga que va a regresar sigo pensando que podría pasarle algo.
Victoria sintió que Adrián apretaba ligeramente los dedos contra su propia pierna.
—¿Y qué haces cuando empiezas a pensar eso? —preguntó la terapeuta.
—Busco a papá o le mando mensajes a mamá hasta que me responde.
Mathis bajó la mirada antes de intervenir.
—Yo reviso si los carros que están afuera son nuestros porque así sé quién está cerca de la casa.
Adrián lo observó con una culpa que Victoria reconoció inmediatamente, aunque la especialista continuó antes de que pudiera decir algo.
—Tiene sentido que hagan esas cosas después de haberse asustado tanto, pero poco a poco necesitamos ayudarles a entender que estar separados durante un rato no significa que algo malo vaya a ocurrir.
La conversación avanzó hacia rutinas, horarios y formas de anticipar cambios, hasta que la terapeuta dirigió la atención hacia Adrián.
—¿Qué modificaciones hicieron en casa después del ataque?
—Reforzamos algunos accesos, cambiamos personal, revisamos protocolos y aumentamos vigilancia en puntos que antes estaban cubiertos de otra manera.
Victoria conocía lo suficiente a su esposo para saber que aquella lista representaba apenas una versión moderada de todo lo que había querido hacer.
—¿Y qué decidió no hacer aunque pensara que podía ayudar?
Adrián miró a Victoria antes de responder.
—Cerrar demasiado la casa, aumentar escoltas para cada movimiento de los niños y limitar salidas hasta sentir que todo estuviera completamente bajo control.
—¿Qué lo hizo cambiar de opinión?
—Entender que si yo reaccionaba como si el peligro siguiera afuera esperando por nosotros, probablemente terminaría enseñándoles a ellos a sentir exactamente lo mismo.
Camille se acomodó más cerca de él.
—Pero todavía tenemos guardias.
Adrián acarició su cabello antes de responder.
—Sí, cariño, porque existen cosas que los adultos debemos cuidar, pero eso no significa que ustedes tengan que vivir preocupándose todo el tiempo por quién está vigilando una puerta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Me pregunto como uno puede llegar a odiar a un personaje de la nada "Daniel"...
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....