Junto a la fotografía aparecía, en letras grandes: *Yara Lozano. Ingeniera en Jefe. Doctorada en el Instituto Nacional de Semiconductores de Oricalco. Miembro fundamental del equipo de desarrollo de TecnoNúcleo Internacional.*
El Instituto Nacional de Semiconductores de Oricalco. Aquella era la cúspide mundial de la investigación, un lugar en el que Alana estuvo a punto de entrar, y al que ella misma había renunciado.
Ella sabía que Yara había estudiado la misma carrera.
Pero jamás imaginó que había llegado tan lejos.
En ese momento, Yara subió al escenario vistiendo un traje elegante y hecho a la medida, irradiando un gran orgullo y confianza.
Los presentes estallaron en aplausos, dedicándole miradas llenas de admiración.
Hermosa, de buena familia y con increíbles logros en su carrera a tan temprana edad.
Claramente no era la típica chica de la alta sociedad que solo servía de adorno.
Bajo los deslumbrantes destellos de las cámaras, Yara levantó la barbilla, aceptando el reconocimiento como toda una triunfadora.
Alana sintió cómo su cuerpo entero se tensaba, hundiéndose en su asiento, como si estuviera petrificada.
En ese mismo instante, tuvo que admitir que se estaba volviendo loca de envidia.
Muy en el fondo, sabía que había perdido de nuevo. Lo había perdido absolutamente todo: su amor, su carrera, su futuro.
Sin ganas de echarse a llorar ahí mismo, juntó el valor que le quedaba para salir del auditorio.
Fue directo a los baños a lavarse la cara y tranquilizarse. Al fondo, a través del pasillo de espejos, escuchó a un par de hombres charlando. Sus voces le resultaron familiares.
—Creo que vi a nuestra compañerita allá afuera.
—Imposible. Se supone que la señorita se casó por interés, ¿qué estaría haciendo aquí?
—Oye, cada quien decide cómo arruinar su vida. Con esa cara tan bonita que tiene, hubiera sido una lástima que se quedara pudriéndose en un laboratorio. Además, todas las mujeres terminan perdiendo la cabeza cuando se enamoran.
—Una lástima. Yo juraba que el éxito de hoy sería obra de la genio de nuestra clase. Con lo competitiva que era, si estuviera hoy aquí, se moriría de envidia.
—Por favor, ¿qué importa si era genio? La heredera Lozano no es cualquier persona, TecnoNúcleo Internacional le pertenece a la Corporación Águila, empresa de su familia. Si yo fuera ella, ni me molestaría en meterme al laboratorio.
—No seas idiota. Esa mujer tiene talento. Te lo aseguro, en poco tiempo, será la nueva CEO de TecnoNúcleo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía