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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 10

Se quedó colgada del brazo del hombre como si fuera una marioneta a la que le acababan de cortar los hilos, con las lágrimas rodándole por las mejillas y el aspecto de una completa miserable.

El hombre la sostuvo con fuerza. Sus ojos, ocultos detrás de las gafas, eran agudos como navajas, evaluando el rostro de ella con hostilidad.

El corazón de Alana dio un vuelco. Se apartó de él de un salto y, mientras se limpiaba las lágrimas rápidamente, murmuró avergonzada:

—L-lo siento mucho... Y gr-gracias.

Asustada por todo lo que acababa de pasar, abrazó su propio cuerpo, que todavía no paraba de temblar.

En un movimiento rápido, el hombre se quitó su gabardina y, sin pedirle permiso, se la envolvió en los hombros. Él tenía el porte de alguien muy poderoso, y su mirada profunda y oscura destilaba un aura impredecible.

Un perfume masculino y frío la embriagó, y el calor residual que quedaba en la tela parecía quemarle la piel...

Aún conmocionada, la situación terminó por alterarla aún más.

—Gracias, pero no es necesario. Yo no...

—Yo no uso las cosas que otras personas han tocado —la interrumpió él al instante. A pesar de su tono de voz bajo y pausado, no dejaba margen a discusión.

Ella se quedó paralizada y, con muchísima vergüenza, notó que unas gotas de sus propias lágrimas se habían escurrido sobre la gabardina.

Solo con ver la tela se podía deducir que la prenda costaba una fortuna.

Y sin hablar del traje oscuro que llevaba puesto, fabricado a mano y, evidentemente, con un precio exorbitante.

—De verdad lo siento muchísimo, no debí cruzar la calle de esa manera. Yo la mandaré a lavar y se la devolveré impecable —sugirió de prisa, con voz temblorosa, intentando arreglar la situación.

—No hace falta —le cortó él, emanando una vez más ese distanciamiento glacial.

Alana se quedó inmóvil, observándolo de cerca. Cientos de rostros confusos cruzaron por su mente. No pudo evitar preguntarle:

—Señor... ¿Nos conocemos de algún lado?

Trató de detallar el perfecto rostro del hombre en un esfuerzo por refrescar su memoria, y tuvo que admitir, una vez más, que aquel hombre era dolorosamente hermoso.

Capítulo 10 1

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