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De tu traición a la cama de tu hermano romance Capítulo 1

Yuliana Serna acababa de retirarle las agujas a su último paciente y se lavaba las manos en el lavabo.

Sin molestarse en levantar la vista, se dirigió a la figura que acababa de cruzar la puerta del consultorio.

—Bájese un poco el pantalón y recuéstese boca abajo en la camilla —dijo con voz suave.

Mientras se frotaba meticulosamente entre los dedos, solo alcanzó a captar de reojo una silueta imponente. Era un hombre de postura firme, hombros anchos y piernas largas; con solo estar de pie allí, ya parecía adueñarse de todo el espacio.

Cuando Yuliana cerró el grifo y se secó las manos con una gasa esterilizada, se dio la vuelta. Para su sorpresa, el hombre seguía sentado en la silla junto a la pared, con la espalda recta como una tabla y sin la más mínima intención de moverse.

Yuliana estaba más que acostumbrada a este tipo de reacciones.

Como doctora especialista en acupuntura, comprendía perfectamente el pudor de sus pacientes, sin importar si eran hombres o mujeres. Especialmente cuando se trataba de zonas íntimas como la zona lumbar y los glúteos, era natural que se sintieran incómodos.

Mientras abría su estuche esterilizado y organizaba las agujas por tamaño, suavizó el tono de su voz.

—No tiene por qué sentir vergüenza. Para un médico, solo existen los padecimientos que necesitan tratamiento, no hay distinción de género.

Tomó una de las agujas, que emitió un destello metálico bajo la luz fría de la lámpara, y añadió:

—Acuéstese en la camilla y bájese un poco el pantalón, solo lo suficiente para dejar expuesta la zona lumbar.

El hombre guardó silencio por unos segundos. Cerró los ojos con fuerza y, finalmente, sus dedos largos y elegantes se dirigieron hacia la hebilla de su cinturón. El metal produjo un leve clic al soltarse.

Aprovechando el momento, Yuliana tomó el expediente que estaba en la esquina de su escritorio para confirmar los datos.

—¿Benicio Estrada? Aquí dice que viene por dolor de espalda, ¿es correcto?

El hombre ya estaba recostado boca abajo en la camilla, con el rostro hundido en la almohada. Solo emitió un gruñido ronco a modo de respuesta.

—Mjm.

Yuliana se acercó con su estuche de agujas, arrastró un taburete con el talón y se sentó a una distancia prudente, justo donde la luz le permitía ver con claridad los puntos de presión en su espalda.

—El expediente solo menciona dolor de espalda. ¿Fue un mal movimiento o es una lesión antigua?

—Ninguna de las dos —respondió el hombre, tan cortante como si le cobraran por cada palabra.

Yuliana no pudo evitar echarle un vistazo a su perfil. Tenía unas facciones afiladas y atractivas, pero la línea de su mandíbula estaba completamente tensa.

Por lo general, los pacientes que recibía aprovechaban para desahogarse, contándole con lujo de detalles cómo se habían lastimado e incluso sacando a relucir dolores de hace años. Pero este hombre era completamente distinto; se negaba a soltar una palabra más de lo estrictamente necesario.

No insistió. Con un toque ligeramente frío, las yemas de sus dedos se posaron sobre la cintura del hombre.

Capítulo 1 1

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