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De tu traición a la cama de tu hermano romance Capítulo 13

Ignacio Estrada llegó apresurado al hospital a media tarde.

Últimamente, a su abuelo le dolían muchísimo las piernas. Un viejo amigo le había comentado que, en un pueblito a las afueras de Valenciora, vivía un respetado curandero tradicional que era un maestro de la acupuntura. Así que Ignacio había decidido ir a buscarlo personalmente.

Había estado dando vueltas por la zona durante horas siguiendo las indicaciones vagas que le dieron, pero aún no había dado con el paradero del curandero cuando recibió la llamada de Leticia Serna.

Al escuchar que la habían hospitalizado la noche anterior por un fuerte dolor abdominal, el corazón se le encogió. Abandonó la búsqueda de inmediato y regresó a toda prisa.

Al empujar la puerta de la habitación, caminó rápido hacia la cama, con el ceño fruncido y un tono cargado de angustia.

—Leti, ¿cómo estás? ¿Qué dijo el doctor?

Leticia alzó la mirada hacia él, con los ojos brillando de timidez, pero sobre todo con una expectativa que no lograba ocultar. Su voz sonó suave como una pluma.

—Ignacio, estoy embarazada.

Ignacio se quedó paralizado, como si le hubieran lanzado un hechizo. Pasaron varios segundos antes de que pudiera reaccionar.

Al ver su reacción, Leticia apretó con más fuerza las sábanas. Tratando de controlar los nervios que se agitaban en su interior, añadió con cautela:

—Yo tampoco esperaba que pasara este accidente... Ya le pregunté al doctor, y me dijo que podemos interrumpirlo, aunque tal vez tenga que sufrir un poco el proceso.

—¡Qué tonterías estás diciendo!

Justo en ese momento, Raquel Serna entró apresuradamente por la puerta, con un tono que mezclaba el reproche y la urgencia.

—¿Acaso todo lo que te dijo el doctor te entró por un oído y te salió por el otro? Si te deshaces de este bebé, te será muy difícil volver a quedar embarazada. ¿Cómo crees que Ignacio va a permitir que pases por ese sufrimiento?

Ignacio finalmente salió de su estupor y, respaldando las palabras de Raquel, afirmó con seguridad:

—La señora Raquel tiene toda la razón, no digas tonterías. Tú y yo ya estábamos a punto de comprometernos; ahora que viene un niño en camino, por supuesto que lo vamos a tener.

La mano que Leticia mantenía fuertemente cerrada bajo las sábanas se relajó lentamente.

—Pero...

Leticia intentó añadir algo para disimular, pero Ignacio la interrumpió.

—Ya está.

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