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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 108

Florencia no fue a la empresa a llevarle el almuerzo, pero a la una de la tarde, Noah apareció de repente en Jardines de Esmeralda.

—¿Y tú qué haces aquí? —Florencia lo miró con evidente molestia, dando por hecho que Noah había venido por alguna orden más de Salvador.

Pero Noah, ignorando su actitud, preguntó:

—Señora, ¿el señor Fuentes está en casa?

—¿No estaba en la oficina? —le soltó Florencia con fastidio.

Noah negó con la cabeza, apurado:

—El señor Fuentes no ha ido a la empresa en todo el día, y todavía hay un montón de contratos pendientes de su firma. Esta tarde tiene una videollamada importante con socios del extranjero. ¿De verdad no está aquí?

Florencia negó de nuevo, y la expresión de Noah se llenó de preocupación al instante.

—¿Y ahora qué hacemos? De verdad que no podemos seguir retrasando las cosas en la empresa… Ya le llamé varias veces y ni contesta. Señora, ¿usted sabe si fue a algún lado?

El nerviosismo de Noah era evidente, ni siquiera parecía estar fingiendo.

—¿No te estarás equivocando de persona? —reviró Florencia—. Si de verdad buscas al señor Fuentes, seguro Martina te puede ayudar más que yo.

Noah se apresuró a explicarse:

—Señora, creo que está confundida. Eso entre el señor Fuentes y Martina ya se terminó. De hecho, hace unos días la sacó del grupo de trabajo, y me enteré que ella ahora anda de mesera en un club para poder pagar sus deudas. La señora Ortega ha venido varias veces a buscar al señor Fuentes por ese tema, pero él ni caso le hace. Señora, ¿acaso usted discutió con el señor Fuentes ayer? ¿No quiere intentar llamarlo? A lo mejor sí le contesta a usted.

Florencia lo miró con desconfianza.

—¿De verdad dices la verdad?

Noah sacó su celular y se lo mostró:

—¿Cómo cree que me atrevería a inventar esto, señora? Mire, aquí está el mensaje donde el señor Fuentes prohibió a todos los empleados tener contacto con Martina.

Con la actitud tan abierta de Salvador últimamente, Noah ya había entendido de qué lado estaba. No importaba si había amor de por medio o no, en estos días él siempre defendía a la señora.

Florencia se quedó mirando la pantalla del celular de Noah, con la mente un poco dispersa.

Noah insistió:

—Señora, esa reunión de la tarde sí está muy pesada, ¿podría intentar contactar al señor Fuentes?

—Voy a intentarlo —dijo Florencia, marcando el número de Salvador. El teléfono sonó hasta el final y lo único que escuchó fue el silencio absoluto; nadie contestó.

Noah empezó a desesperarse.

—Esto... ¿a dónde pudo ir el señor Fuentes? La señora Ortega tampoco lo ha visto hoy.

—No te pongas tan nervioso. Es una persona adulta, no va a desaparecer así nomás —intentó tranquilizarlo Florencia.

Tras pensar un poco, añadió:

—Si quieres, intenta llamarle a Martina, por si acaso.

Por más seguro que estuviera Noah, Florencia también empezaba a dudar. Una persona tan importante, desaparecida de la nada, no era cosa común.

Pero Noah se mantuvo firme:

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