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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 107

El aroma amaderado, mezclado con un ligero toque de fresia, llegó de golpe a la nariz de Florencia, y en ese instante sintió un ardor en la punta de su nariz, como si las lágrimas quisieran escaparse.

Pensó que había sido una ingenua por creerle a Salvador.

No tenía ganas de decir nada, pero Salvador, ajeno a su silencio, soltó:

—Te traje el pastel que tanto querías, ¿no quieres levantarte a probar un poco?

Tironeó de la sábana que cubría a Florencia, intentando acercarse más.

Florencia apartó su mano de inmediato.

—Aléjate de mí, Salvador. Si hoy no hubiera visto lo que vi, ¿cuánto tiempo más pensabas seguir engañándome? Todo este tiempo que decías que ibas a ver clientes… ¿en realidad estabas con Martina, no es así?

—Estás confundida, Flor. Lo de hoy fue un accidente, te lo juro. Estaba con Benjamín en el club cerrando un trato, y resulta que Martina estaba trabajando ahí, solo fue una coincidencia. Si no me crees, mañana mismo te llevo al club y preguntamos juntos —intentó justificarse Salvador.

Destapó la caja del pastel; el aroma dulce de la crema se esparció por toda la habitación.

—¿Y hoy por qué se te ocurrió comprar pastel? —preguntó con fingida naturalidad, como si nada hubiera pasado.

Pero para Florencia, esa pregunta fue la gota que colmó el vaso. ¿Cómo podía explicarle que ella había querido comprar pastel para celebrar con él, para compartirle su alegría? Qué ridículo pensó; se sentía patética por haber creído que Salvador podía cambiar, por haber imaginado que de verdad le importaba algo de ella.

El pastel era justo el que Florencia había pedido: forma de corazón, color rosa, cubierto de pequeñas perlas blancas de azúcar. Cada detalle igual al que ella había descrito.

Ahora ni siquiera podía estar segura de si ese pastel lo había comprado pensando en Martina y solo lo había traído de regreso para dárselo a ella.

—Llévatelo —murmuró, sintiéndose al borde de perder el control.

—Flor, cálmate, de verdad fue un accidente lo de hoy —insistió Salvador, sentándose junto a ella.

El aroma de fresia que traía impregnado en su ropa se colaba por todos lados, llenando el aire y golpeando directo al corazón de Florencia. Él, sin darse cuenta, seguía hablando de lo “injusto” que era todo para él.

El pecho de Florencia subía y bajaba, intentando no perder el control.

—¿Accidente? ¿O sea que, según tú, solo se encontraron de casualidad? ¿No hablaron, no se acercaron? ¿Y el aroma de su perfume que traes encima también te lo trajo el viento, o qué? —le lanzó con la voz temblorosa.

—Yo…

Salvador bajó la cabeza y olió su propia manga, detectando claramente el perfume de fresia. Ni se había dado cuenta de cuándo Martina se lo había dejado en la ropa. Quiso decir algo, pero Florencia se incorporó de golpe.

Señaló hacia la puerta.

—Salvador, lárgate. No quiero volver a verte y tampoco quiero seguir creyendo en ti.

—Flor…

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