La voz de Edna seguía sonando al otro lado del teléfono, insistente, pero Florencia ya ni siquiera alcanzaba a distinguir las palabras.
Su atención estaba completamente atrapada por la foto que acababa de ver en redes sociales. Sentía los dedos temblorosos aferrados al celular, como si el aparato pesara una tonelada.
Aunque ya sabía, en el fondo, que ese anillo nunca le había pertenecido, ver la imagen de alguien más llevándolo puesto le dolía como una puñalada. Había algo cruel y burlón en esa escena virtual.
Debajo de la foto, los “me gusta” y los comentarios caían a montones. Martina parecía estar pegada al teléfono, respondiendo cada mensaje con una rapidez que demostraba lo mucho que le importaba esa atención.
Florencia observaba, una a una, las reacciones: amigos de Salvador, socios de la empresa, y hasta nombres desconocidos para ella, gente con avatares y nombres que jamás había visto en persona.
Todos parecían convencidos de que Martina, al fin, había triunfado tras tanto esperar. El muro de comentarios se llenaba de felicitaciones, como si celebraran un final feliz de novela.
Entre esos mensajes, hubo uno que resaltó sobre los demás: el de Ciro Robles, el hijo menor de la familia Robles.
Él no se anduvo con rodeos:
[¿Esa mujer sigue sin querer divorciarse de Salvador? No se preocupen, yo mismo me encargo de darle una lección. Van a ver, la hago correr de ahí esa misma noche.]
Ciro era famoso en el círculo social por ser un verdadero dolor de cabeza, aunque siempre se le veía pegado a Salvador, siguiéndolo a todos lados y haciéndole segunda en todo.
Florencia solo lo había visto una vez, el día de su boda.
Guardaba la imagen de un tipo arrogante, siempre con la cabeza en alto, como si el mundo no le importara. Ahora resultaba que también sabía cómo meterse en asuntos ajenos.
La verdad, sentía curiosidad por ver cómo pensaba ese “niñito consentido” enseñarle una lección a la señora Fuentes que se negaba a firmar el divorcio. Ojalá armara suficiente escándalo para que Salvador, por fin, se dignara a firmar los papeles.
...
Pasó apenas una noche y Florencia entendió de inmediato lo que Ciro estaba tramando.
Ella había estado preparándose para dejar la casa de los Fuentes, así que desde temprano concertó entrevistas en varias empresas.



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